OBRAS COMPLETAS
DE
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

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NOVELAS EXEMPLARES

TOMO II

EDICION PUBLICADA POR

RODOLFO SCHEVILL
Profesor en la Universidad
de California (Berkeley).

y

ADOLFO BONILLA
Profesor en la Universidad de Madrid.

MADRID

GRÁFICAS REUNIDAS, S. A .

M. CM. XXIII .


NOVELA de la Española inglessa.
Entre los despojos que los inglesses lleuaron
de la ciudad de Cadiz, Clotaldo, vn cauallero
ingles, capitan de vna esquadra de nauios, lleuó
a Londres vna niña de edad de siete años, poco
mas o menos, y esto contra la voluntad y sabi-      5
duria del conde de Leste, que con gran dili-
gencia hizo buscar la niña para boluersela a
sus padres, que ante el se quexaron de la falta
de su hija, pidiendole que, pues se contentaua
con las haziendas y dexaua libres las personas,      10
no fuessen ellos tan desdichados que, ya que
quedauan pobres, quedassen sin su hija, que
era la lumbre de sus ojos y la mas hermosa
criatura que auia en toda la ciudad. Mandó el
conde echar vando por toda su armada, que,      15
so pena de la vida, boluiesse la niña qualquie-
ra que la tuuiesse; mas ningunas penas ni te-
mores fueron bastantes a que Clotaldo la obe-
deciesse, que la tenia escondida en su naue,
aficionado, aunque christianamente, a la in-      20
comparable hermosura de Ysabel, que assi se
llamaua la niña. Finalmente, sus padres se que-
daron sin ella, tristes y desconsolados, y Clo-


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6 NOVELAS EXEMPLARES
taldo, alegre sobre modo, llegó a Londres y en-
tregó por riquissimo despojo a su muger a la
hermosa niña.
Quiso la buena suerte, que todos los de la
casa de Clotaldo eran catholicos secretos, aun-      5
que en lo publico mostrauan seguir la opinion
de su reyna. Tenia Clotaldo vn hijo llamado
Ricaredo, de edad de doze años, enseñado de
sus padres a amar y temer a Dios, y a estar
muy entero en las verdades de la fe catholica.      10
Catalina, la muger de Clotaldo, noble chris-
tiana y prudente señora, tomó tanto amor a
Ysabel, que como si fuera su hija la criaua, re-
galaua e industriaua; y la niña era de tan buen
natural, que con facilidad aprendia todo quanto      15
le enseñauan. Con el tiempo y con los regalos,
fue oluidando los que sus padres verdaderos le
auian hecho; pero no tanto que dexasse de
acordarse y de suspirar por ellos muchas vezes;
y, aunque yua aprendiendo la lengua inglessa,      20
no perdia la española, porque Clotaldo tenia
cuydado de traerle a casa, secretamente, espa-
ñoles que hablassen con ella. Desta manera,
sin oluidar la suya, como esta dicho, hablaua
la lengua inglessa como si huuiera nacido en      25
Londres.
Despues de auerle enseñado todas las cosas
de labor que puede y deue saber vna doncella
bien nacida, la enseñaron a leer y escriuir mas
que medianamente. Pero en lo que tuuo estre-      30
mo, fue en tañer todos los instrumentos que a

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LA ESPAÑ0LA INGLESSA 7
vna muger son licitos, y esto con toda perfec-
cion de musica, acompañandola con vna voz
que le dio el cielo, tan estremada, que encan-
taua quando cantaua.
Todas estas gracias adqueridas y puestas      5
sobre la natural suya, poco a poco fueron en-
cendiendo el pecho de Ricaredo, a quien ella,
como a hijo de su señor, queria y seruia; al
principio le salteó amor con vn modo de agra-
darse y complazerse de ver la sin ygual be-      10
lleza de Ysabel y de considerar sus infinitas
virtudes y gracias, amandola como si fuera su
hermana, sin que sus desseos saliessen de los
terminos honrados y virtuosos. Pero como fue
creciendo Ysabel, que ya quando Ricaredo      15
ardia tenia doze años, aquella beneuolencia
primera y aquella complacencia y agrado de
mirarla, se boluio en ardentissimos desseos de
gozarla y de posseerla; no porque aspirasse a
esto por otros medios que por los de ser su es-      20
poso, pues de la incomparable honestidad de
Ysabela, que assi la llamauan ellos, no se po-
dia esperar otra cosa, ni aun el quisiera espe-
rarla, aunque pudiera, porque la noble condi-
cion suya, y la estimacion en que a Ysabela      25
tenia, no consentian que ningun mal pensa-
miento echasse rayzes en su alma.
Mil vezes determinó manifestar su voluntad
a sus padres, y otras tantas no aprouo su deter-
minacion, porque el sabia que le tenian dedi-      30

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8 NOVELAS EXEMPLARES
cado para ser esposo de vna muy rica y princi-
pal donzella escozessa, assimismo secreta chris-
tiana como ellos; y estaua claro, segun el dezia,
que no auian de querer dar a vna esclaua, si
este nombre se podia dar a Ysabela, lo que ya      5
tenian concertado de dar a vna señora; y assi,
perplexo y pensatiuo, sin saber que camino
tomar para venir al fin de su buen desseo, pas-
saua vna vida tal, que le puso a punto de per-
derla. Pero pareciendole ser gran cobardia de-      10
xarse morir sin intentar algun genero de reme-
dio a su dolencia, se animó y esforço a declarar
su intento a Ysabela.
Andauan todos los de casa tristes y alboro-
tados por la enfermedad de Ricaredo, que de      15
todos era querido, y de sus padres con el estre-
mo possible, assi por no tener otro, como por-
que lo merecia su mucha virtud y su gran valor
y entendimiento; no le acertauan los medicos
la enfermedad, ni el osaua ni queria descubrir-      20
sela.
En fin, puesto en romper por las dificultades
que el se imaginaua, vn dia que entró Ysabela
a seruirle, viendola sola, con desmayada voz y
lengua turbada, le dixo: "Hermosa Ysabela, tu      25
valor, tu mucha virtud y grande hermosura, me
tienen como me vees; si no quieres que dexe
la vida en manos de las mayores penas que pue-
den imaginarse, responda el tuyo a mi buen
desseo, que no es otro que el de recebirte por      30
mi esposa a hurto de mis padres, de los quales

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LA ESPAÑOLA INGLESSA 9
temo que, por no conocer lo que yo conozco
que mereces, me han de negar el bien que tanto
me importa. Si me das la palabra de ser mia,
yo te la doy desde luego como verdadero y ca-
tolico christiano de ser tuyo, que, puesto que no      5
llegue a gozarte, como no llegaré, hasta que
con bendicion de la Yglesia y de mis padres
sea, aquel imaginar que con seguridad eres
mia, sera bastante a darme salud y a mante-
nerme alegre y contento, hasta que llegue el      10
felize punto que desseo."
En tanto que esto dixo Ricaredo, estuuo es-
cuchandole Ysabela los ojos baxos, mostrando
en aquel punto que su honestidad se ygualaua
a su hermosura, y a su mucha discrecion su      15
recato.
Y assi, viendo que Ricaredo callaua, honesta,
hermosa y discreta, le respondio desta suerte:
"Despues que quiso el rigor o la clemencia
del cielo, que no se a qual destos estremos lo      20
atribuya, quitarme a mis padres, señor Ricare-
do, y darme a los vuestros, agradecida a las
infinitas mercedes que me han hecho, determi-
né que jamas mi voluntad saliesse de la suya;
y assi sin ella tendria, no por buena, sino por      25
mala fortuna la inestimable merced que que-
reys hazerme. Si con su sabiduria fuere yo tan
venturosa que os merezca, desde aqui os ofrez-
co la voluntad que ellos me dieren, y en tanto
que esto se dilatare, o no fuere, entretengan      30
vuestros desseos saber que los mios seran eter-

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10 NOVELAS EXEMPLARES
nos y limpios en dessearos el bien que el cielo
puede daros."
Aqui puso silencio Ysabela a sus honestas y
discretas razones, y alli començo la salud de
Ricaredo, y començaron a reuiuir las esperan-      5
ças de sus padres, que en su enfermedad muer-
tas estauan.
Despidieronse los dos cortesmente, el con
lagrimas en los ojos, ella con admiracion en el
alma, de ver tan rendida a su amor la de Rica-      10
redo, el qual, leuantado del lecho, al parecer de
sus padres por milagro, no quiso tenerles mas
tiempo ocultos sus pensamientos, y assi vn dia
se los manifesto a su madre, diziendole en el
fin de su platica, que fue larga, que si no le      15
casauan con Ysabela, que el negarsela y darle
la muerte era todo vna misma cosa.
Con tales razones, con tales encarecimientos
subio al cielo las virtudes de Ysabela Ricaredo,
que le parecio a su madre que Ysabela era la      20
engañada en lleuar a su hijo por esposo. Dio
buenas esperanças a su hijo de disponer a su
padre a que con gusto viniesse en lo que ya
ella tambien venia; y assi fue, que diziendo a
su marido las mismas razones que a ella auia      25
dicho su hijo, con facilidad le mouio a querer
lo que tanto su hijo desseaua, fabricando escu-
sas que impidiessen el casamiento que casi te-
nia concertado con la donzella de Escocia.
A esta sazon tenia Ysabela catorze y Ricare-      30
do veynte años, y en esta tan verde y tan flo-
rida edad, su mucha discrecion y conocida

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LA ESPAÑ0LA INGLESSA 11
prudencia los hazia ancianos. Quatro dias falta-
uan para llegarse aquel en el qual sus padres
de Ricaredo querian que su hijo inclinasse el
cuello al yugo santo del matrimonio, teniendo-
se por prudentes y dichosissimos de auer esco-      5
gido a su prissionera por su hija, teniendo en
mas la dote de sus virtudes que la mucha ri-
queza que con la escozessa se les ofrecia; las
galas estauan ya a punto, los parientes y los
amigos conbidados, y no faltaua otra cosa sino      10
hazer a la reyna sabidora de aquel concierto,
porque, sin su voluntad y consentimiento, entre
los de illustre sangre no se efetua casamiento
alguno; pero no dudaron de la licencia, y assi
se detuuieron en pedirla.      15
Digo, pues, que estando todo en este estado,
quando faltauan los quatro dias hasta el de la
boda, vna tarde turbó todo su regozijo vn mi-
nistro de la reyna, que dio vn recaudo a Clotal-
do que su Magestad mandaua, que otro dia por      20
la mañana lleuassen a su presencia a su prissio-
nera la española de Cadiz.
Respondiole Clotaldo que de muy buena gana
haria lo que su Magestad le mandaua. Fuese
el ministro, y dexó llenos los pechos de to-      25
dos de turbacion, de sobresalto y miedo.
"¡Ay!", dezia la señora Catalina, "¡si sabe la
reyna que yo he criado a esta niña a la ca-
tholica, y de aqui viene a inferir que todos los

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12 NOVELAS EXEMPLARES
desta casa somos christianos!; pues si la reyna
le pregunta que es lo que ha aprendido en
ocho años que ha que es prissionera, ¿que ha de
responder la cuytada que no nos condene, por
mas discrecion que tenga?"      5
Oyendo lo qual Ysabela, le dixo: "No le de
pena alguna, señora mia, esse temor, que yo
confio en el cielo que me ha de dar palabras
en aquel instante, por su diuina misericordia,
que no solo no os condenen, sino que redun-      10
den en prouecho vuestro."
Temblaua Ricaredo, casi como adiuino de al-
gun mal sucesso. Clotaldo buscaua modos que
pudiessen dar animo a su mucho temor, y no
los hallaua sino en la mucha confiança que en      15
Dios tenia y en la prudencia de Ysabela, a
quien encomendo mucho que, por todas las
vias que pudiesse, escusasse el condenallos,
por catholicos, que, puesto que estauan prom-
ptos con el espiritu a recebir martirio, todavia      20
la carne enferma rehusaua su amarga carrera.
Vna y muchas vezes les asseguró Ysabela
estuuiessen seguros que por su causa no suce-
deria lo que temian y sospechauan. Porque
aunque ella entonces no sabia lo que auia de      25
responder a las preguntas que en tal caso le
hiziessen, tenia tan viua y cierta esperança que
auia de responder de modo que, como otra vez

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LA ESPAÑ0LA INGLESSA 13
auia dicho, sus respuestas les siruiessen de
abono.
Discurrieron aquella noche en muchas cosas,
especialmente en que, si la reyna supiera que
eran catholicos, no les embiara recaudo tan      5
manso, por donde se podia inferir que solo que-
rria ver a Ysabela, cuya sin ygual hermosura y
habilidades auria llegado a sus oydos, como a
todos los de la ciudad; pero ya en no auersela
presentado se hallauan culpados, de la qual      10
culpa hallaron seria bien disculparse con de-
zir que, desde el punto que entró en su poder, la
escogieron y señalaron para esposa de su hijo
Ricaredo. Pero tambien en esto se culpauan,
por auer hecho el casamiento sin licencia de la      15
reyna, aunque esta culpa no les parecio digna
de gran castigo.
Con esto se consolaron, y acordaron que
Ysabela no fuesse vestida humildemente como
prissionera, sino como esposa, pues ya lo era de      20
tan principal esposo como su hijo. Resueltos
en esto, otro dia vistieron a Ysabela a la es-
pañola, con vna saya entera de raso verde, acu-
chillada y forrada en rica tela de oro, toma-
das las cuchilladas con vnas eses de perlas, y      25
toda ella bordada de riquissimas perlas; collar y
cintura de diamantes, y con auanico, a modo
de las señoras damas españolas; sus mismos
cabellos, que eran muchos, rubios y largos, en-
tretegidos y sembrados de diamantes y perlas,      30

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14 NOVELAS EXEMPLARES
le siruian de tocado. Con este adorno riquis-
simo, y con su gallarda disposicion y milagrosa
belleza, se mostro aquel dia a Londres sobre
vna hermosa carroça, lleuando colgados de su
vista las almas y los ojos de quantos la mira-      5
uan. Yuan con ella Clotaldo y su muger y Ri-
caredo en la carroça, y a cauallo muchos illus-
tres parientes suyos. Toda esta honra quiso
hazer Clotaldo a su prissionera, por obligar a la
reyna la tratasse como a esposa de su hijo.      10
Llegados, pues, a palacio y a vna gran sala
donde la reyna estaua, entró por ella Ysabela,
dando de si la mas hermosa muestra que pudo
caber en vna imaginacion. Era la sala grande
y espaciosa, y a dos pasos se quedó el acom-      15
pañamiento, y se adelantó Ysabela, y, como
quedó sola, parecio lo mismo que parece la es-
trella o exalacion que por la region del fuego
en serena y sossegada noche suele mouerse, o
bien ansi como rayo del sol, que, al salir del      20
dia, por entre dos montañas se descubre.
Todo esto parecio, y aun cometa, que pro-
nosticó el incendio de mas de vn alma de los
que alli estauan, a quien amor abrasó con los
rayos de los hermosos soles de Ysabela, la qual,      25
llena de humildad y cortesia, se fue a poner de
hinojos ante la reyna, y en lengua inglessa le
dixo: "De vuestra Magestad las manos a esta
su sierua, que desde oy mas se tendra por se-

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LA ESPAÑOLA INGLESSA 15
ñora, pues ha sido tan venturosa que ha llegado
a ver la grandeza vuestra."
Estuuola la reyna mirando por vn buen es-
pacio sin hablarle palabra, pareciendole, como
despues dixo a su camarera, que tenia delante      5
un cielo estrellado, cuyas estrellas eran las mu-
chas perlas y diamantes que Ysabela traia; su
bello rostro y sus ojos el sol y la luna, y toda
ella una nueua marauilla de hermosura.
Las damas que estauan con la reyna, quisie-      10
ran hazerse todas ojos, porque no les quedasse
cosa por mirar en Ysabela. Qual alabaua
la viueza de sus ojos, qual la color del rostro,
qual la gallardia del cuerpo, y qual la dulçura
de la habla, y tal huuo que, de pura embidia,      15
dixo: "Buena es la española, pero no me con-
tenta el trage."
Despues que passó algun tanto la suspension
de la reyna, haziendo leuantar a Ysabela, le
dixo: "Habladme en español, donzella, que yo      20
le entiendo bien y gustaré dello", y boluien-
dose a Clotaldo, dixo: "Clotaldo, agrauio me
aueys hecho en tenerme este tesoro tantos años
ha encubierto, mas el es tal, que os aya mouido
a codicia; obligado estays a restituyrmele, por-      25
que de derecho es mio".
"Señora", respondio Clotaldo, "mucha ver-
dad es lo que V. Magestad dize; confiesso mi
culpa, si lo es, auer guardado este tesoro a que
estuuiesse en la perfeccion que conuenia para      30
parecer ante los ojos de V. M., y aora que lo

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    16 NOVELAS EXEMPLARES
esta, pensaua traerle mejorado, pidiendo licen-
cia a V. M. para que Ysabela fuesse esposa de
mi hijo Ricaredo, y daros, alta Magestad, en
los dos todo quanto puedo daros."
"Hasta el nombre me contenta", respondio      5
la reyna, "no le faltaua mas sino llamarse Ysa-
bela la Española, para que no me quedasse
nada de perfeccion que dessear en ella. Pero
aduertid, Clotaldo, que se que sin mi licencia
la teniades prometida a vuestro hijo."      10
"Assi es verdad, señora," respondio Clotal-
do, pero fue en confiança que los muchos y
releuados seruicios que yo y mis passados te-
nemos hechos a esta corona, alcançarian de
V. M. otras mercedes mas dificultosas que las      15
desta licencia, quanto mas, que aun no esta
desposado mi hijo."
"Ni lo estara", dixo la reyna, "con Ysabela,
hasta que por si mismo lo merezca; quiero de-
zir, que no quiero que para esto le aprouechen      20
vuestros seruicios, ni de sus passados; el por si
mismo se ha de disponer a seruirme, y a mere-
cer por si esta prenda, que ya la estimo como
si fuesse mi hija."
Apenas oyo esta vltima palabra Ysabela,      25
quando se boluio a hincar de rodillas ante la
reyna, diziendole en lengua castellana: "Las
desgracias que tales descuentos traen, serenis-
sima señora, antes se han de tener por dichas,
que por desuenturas; ya V. M. me ha dado      30
nombre de hija; sobre tal prenda, ¿que males
podre temer, o que bienes no podre esperar?"

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LA ESPAÑOLA INGLESSA 17
Con tanta gracia y donayre dezia quanto de-
zia Ysabela, que la reyna se le aficionó en es-
tremo, y mandó que se quedasse en su seruicio,
y se la entregó a vna gran señora, su camarera
mayor, para que la enseñasse el modo de vi-      5
uir suyo.
Ricaredo, que se vio quitar la vida, en quitar-
le a Ysabela, estuuo a pique de perder el juy-
zio; y assi, temblando, y con sobresalto, se fue
a poner de rodillas ante la reyna, a quien dixo:      10
"Para seruir yo a V. Magestad, no es menester
incitarme con otros premios que con aquellos
que mis padres y mis passados han alcançado,
por auer seruido a sus reyes. Pero pues V. Ma-
gestad gusta que yo la sirua con nueuos des-      15
seos y pretensiones, querria saber en que modo
y en que exercicio podre mostrar que cum-
plo con la obligacion en que V. Magestad me
pone."
"Dos nauios," respondio la reyna, "estan para      20
partirse en corso, de los quales he hecho gene-
ral al varon de Lansac; del vno dellos os hago
a vos capitan, porque la sangre de do venis me
assegura que ha de suplir la falta de vuestros
años; y aduertid a la merced que os hago, pues      25
os doy ocasion en ella, a que, correspondiendo
a quien soys, siruiendo a vuestra reyna, mos-
treys el valor de vuestro ingenio y de vuestra
persona, y alcanceys el mejor premio que a mi
parecer vos mismo podeys acertar a dessearos;      30
yo misma os sere guarda de Ysabela, aunque
ella da muestras que su honestidad sera su mas

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     18 NOVELAS EXEMPLARES
verdadera guarda. Yd con Dios, que, pues vays
enamorado, como imagino, grandes cosas me
prometo de vuestras hazañas; felize fuera el rey
batallador que tuuiera en su exercito diez mil
soldados amantes, que esperaran que el premio      5
de sus vitorias auia de ser gozar de sus amadas.
Leuantaos, Ricaredo, y mirad, si teneys, o que-
reys dezir algo a Ysabela, porque mañana ha
de ser vuestra partida."
Besó las manos Ricaredo a la reyna, estiman-      10
do en mucho la merced que le hazia, y luego
se fue a hincar de rodillas ante Ysabela, y que-
riendola hablar no pudo, porque se le puso vn
nudo en la garganta, que le ató la lengua, y
las lagrimas acudieron a los ojos, y el acudio a      15
dissimularlas lo mas que le fue possible; pero,
con todo esto, no se pudieron encubrir a los
ojos de la reyna, pues dixo: "No os afrenteys,
Ricaredo, de llorar, ni os tengays en menos,
por auer dado en este tranze tan tiernas mues-      20
tras de vuestro coraçon, que vna cosa es pelear
con los enemigos, y otra despedirse de quien
bien se quiere. Abraçad, Ysabela, a Ricaredo,
y dadle vuestra bendicion, que bien lo merece
su sentimiento."      25
Ysabela, que estaua suspensa y atonita, de
ver la humildad y dolor de Ricaredo, que como
a su esposo le amaua, no entendio lo que la
reyna le mandaua, antes començo a derramar
lagrimas tan sin pensar lo que hazia, y tan ses-      30
ga, y tan sin mouimiento alguno, que no pare-

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LA ESPAÑOLA INGLESSA 19
cia sino que lloraua vna estatua de alabastro.
Estos afectos de los dos amantes, tan tiernos y
tan enamorados, hizieron verter lagrimas a mu-
chos de los circunstantes, y, sin hablar mas pa-
labra Ricaredo, y sin le auer hablado alguna a      5
Ysabela, haziendo Clotaldo y los que con el
venian reuerencia a la reyna, se salieron de la
sala, llenos de compassion, de despecho y de
lagrimas.
Quedó Ysabela como huerfana que acaba      10
de enterrar sus padres y con temor que la nue-
ua señora quisiesse que mudasse las costum-
bres en que la primera la auia criado. En fin
se quedó, y de alli a dos dias Ricaredo se hizo
a la vela, combatido, entre otros muchos, de      15
dos pensamientos, que le tenian fuera de si.
Era el vno, considerar que le conuenia hazer
hazañas que le hiziessen merecedor de Ysabe-
la, y el otro, que no podia hazer ninguna, si
auia de responder a su catholico intento, que le      20
impedia no desembaynar la espada contra ca-
tholicos; y si no la desembaynaua, auia de ser
notado de christiano o de cobarde, y todo esto
redundaua en perjuyzio de su vida, y en obs-
taculo de su pretension. Pero, en fin, determinó      25
de posponer al gusto de enamorado el que te-
nia de ser catholico, y en su coraçon pedia al
cielo le deparasse ocasiones, donde, con ser va-
liente, cumpliesse con ser christiano, dexando a
su reyna satisfecha, y a Ysabela merecida.      30
Seys dias nauegaron los dos nauios con pros-

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     20 NOVELAS EXEMPLARES
pero viento, siguiendo la derrota de las islas
Terceras, parage donde nunca faltan, o naues
portuguessas de las Indias Orientales, o algu-
nas derrotadas de las Occidentales. Y al cabo
de los seys dias, les dio de costado vn rezijssi-      5
mo viento, que en el mar Oceano tiene otro
nombre que en el Mediterraneo, donde se llama
Mediodia, el qual viento fue tan durable y tan
rezio, que sin dexarles tomar las islas, les fue
forçoso correr a España, y junto a su costa, a la      10
boca del estrecho de Gibraltar, descubrieron tres
nauios, vno poderoso y grande, y los dos pe-
queños; arribó la naue de Ricaredo a su capi-
tan, para saber de su general si queria em-
bestir a los tres nauios que se descubrian, y an-      15
tes que a ella llegasse, vio poner sobre la gauia
mayor vn estandarte negro, y llegandose mas
cerca, oyo que tocauan en la naue clarines y
trompetas roncas, señales claras, o que el ge-
neral era muerto, o alguna otra principal per-      20
sona de la naue. Con este sobresalto, llegaron
a poderse hablar, que no lo auian hecho des-
pues que salieron del puerto. Dieron vozes de
la naue capitana, diziendo que el capitan Rica-
redo passasse a ella, porque el general la noche      25
antes auia muerto de vna apoplegia. Todos se
entristecieron, si no fue Ricaredo, que le ale-
gró, no por el daño de su general, sino por ver
que quedaua el libre para mandar en los dos

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LA ESPAÑOLA INGLESSA 21
nauios, que assi fue la orden de la reyna, que,
faltando el general, lo fuesse Ricaredo, el qual
con presteza se passó a la capitana, donde halló
que vnos llorauan por el general muerto, y
otros se alegrauan con el viuo; finalmente, los      5
vnos y los otros, le dieron luego la obedien-
cia, y le aclamaron por su general con breues
ceremonias, no dando lugar a otra cosa dos de
los tres nauios, que auian descubierto, los qua-
les, desuiandose del grande, a las dos naues se      10
venian.
Luego conocieron ser galeras, y turques-
cas, por las medias lunas que en las vanderas
traian, de que recibio gran gusto Ricaredo, pa-
reciendole que aquella pressa, si el cielo se la      15
concediesse, seria de consideracion, sin auer
ofendido a ningun catholico. Las dos galeras
turquescas llegaron a reconocer los nauios
inglesses, los quales no traian insignias de In-
glaterra, sino de España, por desmentir a quien      20
llegasse a reconocellos, y no los tuuiesse por
nauios de cosarios. Creyeron los turcos ser
naues derrotadas de las Indias, y que con faci-
lidad las rendirian.
Fueronse entrando poco a poco, y de indus-      25
tria los dexó llegar Ricaredo, hasta tenerlos a
gusto de su artilleria, la qual mandó disparar
a tan buen tiempo, que con cinco valas dio en
la mitad de vna de las galeras, con tanta furia,
que la abrio por medio toda; dio luego a la van-      30
da, y començó a yrse a pique, sin poderse re-

                                    P.18
     22 NOVELAS EXEMPLARES
mediar. La otra galera, viendo tan mal sucesso,
con mucha priessa le dio cabo, y le lleuó a po-
ner debaxo del costado del gran nauio. Pero
Ricaredo, que tenia los suyos prestos y ligeros,
y que salian y entrauan, como si tuuieran re-      5
mos, mandando cargar de nueuo toda la arti-
lleria, los fue siguiendo hasta la naue, llouien-
do sobre ellos infinidad de valas.
Los de la galera abierta, assi como llegaron
a la naue, la desampararon, y con priessa y      10
celeridad procurauan acogerse a la naue. Lo
qual visto por Ricaredo, y que la galera sana
se ocupaua con la rendida, cargó sobre ella con
sus dos nauios, y sin dexarla rodear ni valerse
de los remos, la puso en estrecho, que los tur-      15
cos se aprouecharon ansimismo del refugio
de acogerse a la naue, no para defenderse en
ella, sino por escapar las vidas por entonces.
Los christianos, de quien venian armadas las
galeras, arrancando las branças, y rompiendo      20
las cadenas, mezclados con los turcos, tambien
se acogieron a la naue, y como yuan subien-
do por su costado, con la arcabuzeria de los
nauios, los yuan tirando como a blanco a los
turcos no mas, que a los christianos mandó Ri-      25
caredo que nadie los tirasse. Desta manera casi
todos los mas turcos fueron muertos, y los que
en la naue entraron, por los christianos, que con
ellos se mezclaron, aprouechandose de sus mis-
mas armas, fueron hechos pedaços; que la fuerça      30

                                    P.19
LA ESPAÑOLA INGLESSA 23
de los valientes, quando caen, se passa a la fla-
queza de los que se leuantan. Y assi, con el ca-
lor que les daua a los christianos, pensar
que los nauios inglesses eran españoles, hizie-
ron por su libertad marauillas. Finalmente,      5
auiendo muerto casi todos los turcos, algunos
españoles se pusieron a borde del nauio, y a
grandes vozes llamaron a los que pensauan ser
españoles, entrassen a gozar el premio del ven-
cimiento.      10
Preguntoles Ricaredo en español, que que
nauio era aquel.
Respondieronle que era vna naue que venia
de la India de Portugal, cargada de especeria,
y con tantas perlas y diamantes, que valia mas      15
de vn millon de oro, y que con tormenta auia
arribado a aquella parte, toda destruyda y sin
artilleria, por auerla echado a la mar, la gente
enferma y casi muerta de sed y de hambre; y
que aquellas dos galeras, que eran del cosario      20
Arnautemami, el dia antes la auian rendido,
sin auerse puesto en defensa, y que, a lo que
auian oydo dezir, por no poder passar tanta
riqueza a sus dos baxeles, la lleuauan a jorro,
para meterla en el rio de Larache, que estaua      25
alli cerca.
Ricaredo les respondio, que si ellos pensa-
uan que aquellos dos nauios eran españoles,
se engañauan, que no eran sino de la señora
reyna de Inglaterra, cuya nueua dio que pen-      30
sar y que temer a los que la oyeron, pensando,
como era razon que pensassen, que de vn lazo

                                    P.20
     24 NOVELAS EXEMPLARES
auian caydo en otro. Pero Ricaredo les dixo
que no temiessen algun daño, y que estuuies-
sen ciertos de su libertad, con tal que no se pu-
siessen en defensa.
"Ni es possible ponernos en ella," respon-      5
dieron, "porque, como se ha dicho, este nauio
no tiene artilleria, ni nosotros armas; assi que
nos es forçoso acudir a la gentileza y liberali-
dad de vuestro general. Pues sera justo, que
quien nos ha librado del insufrible cautiuerio      10
de los turcos, lleue adelante tan gran merced
y beneficio, pues le podra hazer famoso en to-
das las partes, que seran infinitas, donde llega-
re la nueua desta memorable vitoria, y de su
liberalidad, mas de nosotros esperada que te-      15
mida."
No le parecieron mal a Ricaredo las razones
del español; y llamando a consejo los de su
nauio, les preguntó, como haria para embiar
todos los christianos a España, sin ponerse a      20
peligro de algun siniestro sucesso, si el ser tan-
tos les daua animo para leuantarse.
Pareceres huuo, que los hiziesse passar vno
a vno a su nauio; y assi como fuessen entrando,
debaxo de cubierta matarle, y desta manera      25
matarlos a todos, y lleuar la gran naue a Lon-
dres, sin temor ni cuydado alguno.
A esto respondio Ricaredo: "Pues que Dios
nos ha hecho tan gran merced, en darnos tanta
riqueza, no quiero corresponderle con animo      30
cruel y desagradezido, ni es bien que, lo que

                                    P.21
LA ESPAÑOLA INGLESSA 25
puedo remediar con la industria, lo remedie con
la espada; y assi soy de parecer que ningun
christiano catholico muera, no porque los quie-
ro bien, sino porque me quiero a mi muy bien,
y querria que esta hazaña de oy, ni a mi ni      5
a vosotros, que en ella me aueys sido compa-
ñeros, nos diesse mezclado con el nombre de
valientes el nombre de crueles, porque nun-
ca dixo bien la crueldad con la valentia. Lo
que se ha de hazer es, que toda la artilleria      10
de vn nauio destos se ha de passar a la gran
naue portuguessa, sin dexar en el nauio otras
armas, ni otra cosa mas del bastimento; y no
lexando la naue de nuestra gente, la lleuare-
mos a Inglaterra, y los españoles se yran a      15
España."
Nadie osó contradezir lo que Ricaredo auia
propuesto, y algunos le tuuieron por valiente
y magnanimo, y de buen entendimiento; otros
le juzgaron en sus coraçones por mas catholi-      20
co que deuia. Resuelto pues en esto Ricaredo,
passó con cinquenta arcabuzeros a la naue
portuguessa, todos alerta, y con las cuerdas
encendidas; halló en la naue casi trezientas
personas, de las que auian escapado de las ga-      25
leras. Pidio luego el registro de la naue, y res-
pondiole aquel mismo, que desde el borde le
habló la vez primera, que el registro le auia
tomado el cosario de los baxeles, que con ellos
se auia ahogado. Al instante puso el torno en      30
orden, y acostando su segundo baxel a la gran
naue, con marauillosa presteza, y con fuerça de

                                    P.22
     26 NOVELAS EXEMPLARES
    fortissimos cabestrantes, passaron la ar-
tilleria del pequeño baxel a la mayor naue.
Luego, haziendo vna breue platica a los chris-
tianos, les mandó passar al baxel desembara-
çado, donde hallaron bastimento en abundan-      5
cia, para mas de vn mes, y para mas gente; y
assi como se yuan embarcando, dio a cada vno
quatro escudos de oro españoles, que hizo
traer de su nauio, para remediar en parte su
necessidad, quando llegassen a tierra, que esta-      10
ua tan cerca, que las altas montañas de Auila
y Calpe desde alli se parecian.
Todos le dieron infinitas gracias por la mer-
ced que les hazia; y el vltimo que se yua a em-
barcar, fue aquel que por los demas auia      15
hablado, el qual le dixo: "Por mas ventura tu-
iera, valeroso cauallero, que me lleuaras con-
tigo a Inglaterra, que no que me embiaras a
España, porque aunque es mi patria, y no aura
sino seys dias que della parti, no he de hallar      20
en ella otra cosa, que no sea de ocasiones de
tristezas y soledades mias. Sabras, señor, que
en la perdida de Cadiz, que sucedio aura quin-
ze años, perdi vna hija, que los inglesses de-
uieron de lleuar a Inglaterra, y con ella perdi      25
el descanso de mi vejez y la luz de mis ojos,
que, despues que no la vieron, nunca han visto
cosa que de su gusto sea. El graue descontento
en que me dexó su perdida, y la de la hazien-
da, que tambien me faltó, me pusieron de ma-      30

                                    P.23
     LA ESPAÑOLA INGLESSA 27
nera, que ni mas quise, ni mas pude exercitar la
mercancia, cuyo trato me auia puesto en opi-
nion de ser el mas rico mercader de toda la
ciudad. Y assi era la verdad, pues fuera del
credito, que passaua de muchos centenares de      5
millares de escudos, valia mi hazienda dentro
de las puertas de mi casa mas de cinquenta
mil ducados. Todo lo perdi, y no huuiera perdi-
do nada, como no huuiera perdido a mi hija.
Tras esta general desgracia, y tan particular      10
mia, acudio la necessidad a fatigarme, hasta
tanto que, no pudiendola resistir, mi muger, y
yo, que es aquella triste que alli esta sentada,
determinamos yrnos a las Indias, comun refu-
gio de los pobres generosos, y auiendonos em-      15
barcado en vn nauio de auiso seys dias ha, a
la salida de Cadiz dieron con el nauio estos dos
baxeles de cosarios, y nos cautiuaron, donde
se renouo nuestra desgracia, y se confirmó
nuestra desuentura, y fuera mayor, si los cosa-      20
rios no huuieran tomado aquella naue portu-
guessa, que los entretuuo, hasta auer sucedido
lo que el auia visto."
Preguntole Ricaredo como se llamaua su
hija. Respondiole que Ysabel.      25
Con esto acabó de confirmarse Ricaredo en
lo que ya auia sospechado, que era que el que
se lo contaua era el padre de su querida Ysa-
bela; y sin darle algunas nueuas della, le dixo
que de muy buena gana lleuaria a el y a su      30
muger a Londres, donde podria ser hallassen

                                    P.24
28 NOVELAS EXEMPLARES
nueuas de la que desseauan. Hizolos passar
luego a su capitana, poniendo marineros y guar-
das bastantes en la nao portuguessa. Aquella
noche alçaron velas y se dieron priessa a apar-
tarse de las costas de España, porque el nauio      5
de los cautiuos libres--entre los quales tam-
bien yuan hasta veynte turcos, a quien tambien
Ricaredo dio libertad, por mostrar que mas por
su buena condicion y generoso animo se mos-
traua liberal, que por forçarle amor que a los      10
catholicos tuuiesse--rogo a los españoles que,
en la primera ocasion que se ofreciesse, dies-
sen entera libertad a los turcos, que ansi mis-
mo se le mostraron agradecidos.
El viento, que daua señales de ser prospero      15
y largo, començo a calmar vn tanto, cuya cal-
ma leuantó gran tormenta de temor en los in-
glesses, que culpauan a Ricaredo y a su libera-
lidad, diziendole que los libres podian dar auiso
en España de aquel sucesso, y que si acaso      20
auia galeones de armada en el puerto, podian
salir en su busca y ponerlos en aprieto y en ter-
mino de perderse.
Bien conocia Ricaredo que tenian razon; pero
venciendolos a todos con buenas razones, los      25
sossego; pero mas los quietó el viento, que bol-
uio a refrescar de modo, que, dandole todas las
velas, sin tener necessidad de amaynallas ni aun
de templallas, dentro de nueue dias se hallaron
a la vista de Londres, y, quando en el vitoriosos      30

                                    P.25
LA ESPAÑOLA INGLESSA 29
boluieron, auria treynta que del faltauan. No
quiso Ricaredo entrar en el puerto con muestras
de alegria, por la muerte de su general; y assi
mezcló las señales alegres con las tristes; vnas
vezes sonauan clarines regozijados, otras trom-      5
petas roncas; vnas tocauan los atambores ale-
gres y sobresaltadas armas, a quien con señas
tristes y lamentables respondian los pifaros.
De vna gauia colgaua, puesta al reues, vna
vandera de medias lunas sembrada; en otra se      10
veia vn luengo estandarte de tafetan negro, cu-
yas puntas besauan el agua. Finalmente, con
estos tan contrarios estremos entró en el rio de
Londres con su nauio, porque la naue no tuuo
fondo en el que la sufriesse, y assi se quedó en      15
la mar a lo largo.
Estas tan contrarias muestras y señales tenian
suspenso el infinito pueblo, que desde la ribera
les miraua. Bien conocieron, por algunas insig-
nias, que aquel nauio menor era la capitana del      20
varon de Lansac, mas no podian alcançar
como el otro nauio se huuiesse cambiado con
aquella poderosa naue que en la mar se que-
daua.
Pero sacolos desta duda auer saltado en el      25
esquife, armado de todas armas, ricas y res-
plandecientes, el valeroso Ricaredo, que a pie,
sin esperar otro acompañamiento que aquel de
vn inumerable vulgo que le seguia, se fue a
palacio, donde ya la reyna, puesta a vnos co-      30
rredores, estaua esperando le truxessen la nue-

                                    P.26
30 NOVELAS EXEMPLARES
ua de los nauios. Estaua con la reyna, con las
otras damas, Ysabela, vestida a la inglessa, y
parecia tambien como a la castellana. Antes que
Ricaredo llegasse, llegó otro que dio las nueuas
a la reyna de como Ricaredo venia.      5
Alboroçose Ysabela oyendo el nombre de
Ricaredo, y en aquel instante temio y esperó
malos y buenos sucessos de su venida. Era Ri-
caredo alto de cuerpo, gentilhombre y bien pro-
porcionado, y como venia armado de peto, es-      10
paldar, gola y braçaletes y escarcelas, con vnas
armas milanessas de onze vistas, grauadas y
doradas, parecia en estremo bien a quantos le
mirauan; no le cubria la cabeça morrion alguno,
sino vn sombrero de gran falda de color leo-      15
nado, con mucha diuersidad de plumas, tercia-
das a la balona; la espada ancha, los tiros ricos,
las calças a la esguizara. Con este adorno, y con
el paso brioso que lleuaua, algunos huuo que
le compararon a Marte, dios de las batallas, y      20
otros, lleuados de la hermosura de su rostro,
dizen que le compararon a Venus, que, para
hazer alguna burla a Marte, de aquel modo se
auia disfraçado.
En fin, el llegó ante la reyna; puesto de ro-      25
dillas, le dixo: "Alta Magestad, en fuerça de
vuestra ventura y en consecucion de mi desseo,
despues de auer muerto de vna apop1egia el
general de Lansac, quedando yo en su lugar
merced a la liberalidad vuestra, me deparó la      30
suerte dos galeras turquescas, que lleuauan re-
molcando aquella gran naue, que alli se pare-

                                    P.27
LA ESPAÑOLA INGLESSA 31
ce. Acometila, pelearon vuestros soldados como
siempre; echaronse a fondo los baxeles de los
cosarios. En el vno de los nuestros, en vuestro
real nombre, di libertad a los christianos que
del poder de los turcos escaparon; solo truxe      5
conmigo a vn hombre y a vna muger españoles,
que por su gusto quisieron venir a ver la gran-
deza vuestra. Aquella naue es de las que vie-
nen de la India de Portugal, la qual por tor-
menta vino a dar en poder de los turcos, que      10
con poco trabajo, o por mejor dezir, sin ningu-
no, la rindieron, y segun dixeron algunos por-
tuguesses de los que en ella venian, passa de
vn millon de oro el valor de la especeria y otras
mercancias de perlas y diamantes que en ella      15
vienen; a ninguna cosa se ha tocado, ni los tur-
cos auian llegado a ella, porque todo lo dedicó
el cielo y yo lo mandé guardar para vuestra Ma-
gestad, que con vna joya sola que se me de,
quedaré en deuda de otras diez naues, la qual      20
joya ya vuestra Magestad me la tiene prome-
tida, que es a mi buena Ysabela; con ella que-
daré rico y premiado, no solo deste seruicio,
qual el se sea, que a vuestra Magestad he
hecho, sino de otros muchos que pienso hazer,      25
por pagar alguna parte del todo, casi infinito,
que en esta joya vuestra Magestad me ofrece."
"Leuantaos, Ricaredo," respondio la reyna,
"y creedme que si por precio os huuiera de dar
a Ysabela, segun yo la estimo, no la pudiera-      30
des pagar, ni con lo que trae essa naue, ni con

                                    P.28
     32 NOVELAS EXEMPLARES
lo que queda en las Indias. Doyosla porque os
la prometi, y porque ella es digna de vos y vos
lo soys della. Vuestro valor solo la merece; si
vos aueys guardado las joyas de la naue para
mi, yo os he guardado la joya vuestra para vos,      5
y aunque os parezca que no hago, mucho en
bolueros lo que es vuestro, yo se que os hago
mucha merced en ello; que las prendas que se
compran a desseos y tienen su estimacion en
e1 alma del comprador, aquello valen que vale      10
vna alma, que no ay precio en la tierra con
que aprecialla. Ysabela es vuestra, veysla alli;
quando quisieredes, podeys tomar su entera
possession, y creo sera con su gusto, porque es
discreta, y sabra ponderar la amistad que le      15
hazeys, que no la quiero llamar merced, sino
amistad, porque me quiero alçar con el nombre
de que yo sola puedo hazerle mercedes; ydos
a descansar, y venidme a ver mañana, que
quiero mas particularmente oyr vuestras haza-      20
ñas, y traedme essos dos que dezis que de su
voluntad han querido venir a verme, que se lo
quiero agradecer."
Besole las manos Ricaredo, por las muchas
mercedes que le hazia.      25
Entrose la reyna en vna sala, y las damas
rodearon a Ricaredo, y vna dellas, que auia
tomado grande amistad con Ysabela, llamada
la señora Tansi, tenida por la mas discreta,
desembuelta y graciosa de todas, dixo a Rica-      30
redo: "¿Que es esto, señor Ricaredo, que armas

                                    P.29
     LA ESPAÑOLA INGLESSA 33
son estas?; ¿pensauades por ventura que ve-
niades a pelear con vuestros enemigos? Pues
en verdad que aqui todas somos vuestras ami-
gas, si no es la señora Ysabela, que, como es-
pañola, esta obligada a no teneros buena vo-      5
luntad."
"Acuerdese ella, señora Tansi, de tenerme
alguna, que, como yo este en su memoria," dixo
Ricaredo, "yo se que la voluntad sera buena,
pues no puede caber en su mucbo valor y en-      10
tendimiento, y rara hermosura, la fealdad de
ser desagradezida."
A lo qual respondio Ysabela: "Señor Ricare-
do, pues he de ser vuestra, a vos esta tomar de
mi toda la satisfacion que quisieredes, para      15
recompensaros de las alabanças que me aueys
dado, y de las mercedes que pensays hazerme."
Estas y otras honestas razones passó Ricare-
do con Ysabela, y con las damas, entre las qua-
les auia vna donzella de pequeña edad, la qual      20
no hizo sino mirar a Ricaredo mientras alli es-
tuuo; alçauale las escarcelas por ver que traia
debaxo dellas; tentauale la espada, y, con sim-
plicidad de niña, queria que las armas le sir-
uiessen de espejo, llegandose a mirar de muy      25
cerca en ellas; y quando se huuo ydo, boluien-
dose a las damas, dixo: "Aora, señoras, yo ima-
gino que deue de ser cosa hermosissima la
guerra, pues aun entre mugeres parecen bien
los hombres armados."      30
"¡Y como si parecen!", respondio la señora
Tansi, "si no, mirad a Ricaredo, que no parece

                                    P.30
     34 NOVELAS EXEMPLARES
sino que el sol se ha baxado a la tierra, y en
aquel habito va caminando por la calle."
Riyeron todas del dicho de la donzella, y de
la disparatada semejança de Tansi, y no falta-
ron murmuradores que tuuieron por imperti-      5
nencia el auer venido armado Ricaredo a pala-
cio, puesto que halló disculpa en otros, que
dixeron que como soldado lo pudo hazer, para
mostrar su gallardia vizarria.
Fue Ricaredo de sus padres, amigos, parien-      10
tes y conocidos, con muestras de entraña-
ble amor recebido. Aquella noche se hizie-
ron generales alegrias en Londres, por su buen
sucesso.
Ya los padres de Ysabela estauan en casa de      15
Clotaldo, a quien Ricaredo auia dicho quien
eran, pero que no les diessen nueua ninguna
de Ysabela, hasta que el mismo se la diesse.
Este auiso tuuo la señora Catalina, su madre,
y todos los criados y criadas de su casa. Aque-      20
lla misma noche, con muchos baxeles, lanchas
y varcos, y con no menos ojos que lo mirauan,
se començo a descargar la gran naue, que en
ocho dias no acabó de dar la mucha pimienta,
y otras riquissimas mercaderias, que en su vien-      25
tre encerradas tenia. El dia que siguio a esta
noche, fue Ricaredo a palacio, lleuando consigo
al padre y madre de Ysabela, vestidos de nue-
uo a la inglessa, diziendoles que la reyna que-
ria verlos. Llegaron todos donde la reyna esta-      30
ua en medio de sus damas, esperando a Rica-
redo, a quien quiso lisongear y fauorecer, con

                                    P.31
LA ESPAÑOLA INGLESSA 35
tener junto a si a Ysabela, vestida con aquel
mismo vestido que lleuó la vez primera, mos-
trandose no menos hermosa aora que enton-
ces. Los padres de Ysabela quedaron admira-
dos y suspensos de ver tanta grandeza y vizarria      5
junta. Pusieron los ojos en Ysabela y no la
conocieron, aunque el coraçon, presagio del
bien que tan cerca tenian, les començo a saltar
en el pecho, no con sobresalto que les entriste-
ciesse, sino con vn no se que de gusto, que      10
ellos no acertauan a entendelle.
No consintio la reyna que Ricaredo estuuies-
se de rodillas ante ella; antes le hizo leuantar
y sentar en vna silla rasa, que para solo esto
alli puesta tenian, inusitada merced para la      15
altiua condicion de la reyna, y alguno dixo a
otro : "Ricaredo no se sienta oy sobre la silla
que le han dado, sino sobre la pimienta que el
truxo."
Otro acudio, y dixo: "Aora se verifica lo que      20
comunmente se dize, que dadiuas quebrantan
peñas, pues las que ha traydo Ricaredo han
ablandado el duro coraçon de nuestra reyna."
Otro acudio, y dixo: "Aora que esta tan bien
ensillado, mas de dos se atreueran a correrle."      25
En efeto, de aquella nueua honra que la rey-
na hizo a Ricaredo, tomó ocasion la embidia
para nacer en muchos pechos de aquellos que
mirandole estauan, porque no ay merced que

                                    P.32
     36 NOVELAS EXEMPLARES
el principe haga a su privado, que no sea vna
lança que atreuiessa el coraçon del embi-
dioso.
Quiso la reyna saber de Ricaredo, menuda-
mente, como auia passado la batalla con los      5
baxeles de los cosarios; el la conto de nueuo,
atribuyendo la vitoria a Dios, y a los braços
valerosos de sus soldados, encareciendolos a
todos juntos, y particularizando algunos hechos
de algunos, que mas que los otros se auian se-      10
ñalado, con que obligó a la reyna a hazer a
todos merced, y en particular a los particulares;
y quando llegó a dezir la libertad que en nom-
bre de su Magestad auia dado a los turcos y
christianos, dixo: "Aquella muger, y aquel hom-      15
bre que alli estan", señalando a los padres de
Ysabela, "son los que dixe ayer a V. M. que,
con desseo de ver vuestra grandeza, encareci-
damente me pidieron los truxesse conmigo;
ellos son de Cadiz, y de lo que ellos me han      20
contado, y de lo que en ellos he visto y notado,
se que son gente principal y de valor."
Mandoles la reyna que se llegassen cerca.
Alço los ojos Ysabela a mirar los que dezian
ser españoles, y mas de Cadiz, con desseo de      25
saber, si por ventura conocian a sus padres.
Ansi como Ysabela alçó los ojos, los puso
en ella su madre, y detuuo el paso para mirarla
mas atentamente, y en la memoria de Ysabela
se començaron a despertar vnas confusas noti-      30

                                    P.33
LA ESPAÑOLA INGLESSA 37
cias, que le querian dar a entender que en otro
tiempo ella auia visto aquella muger que de-
lante tenia.
Su padre estaua en la misma confusion, sin
osar determinarse a dar credito a la verdad que      5
sus ojos le mostrauan. Ricaredo estaua atentis-
simo a ver los afectos y mouimientos que
hazian las tres dudosas y perplexas almas, que
tan confusas estauan entre el si y el no de co-
nocerse. Conocio la reyna la suspension de      10
entrambos y aun el dessasossiego de Ysabela,
porque la vio trasudar y leuantar la mano mu-
chas vezes a componerse el cabello. En esto
desseaua Ysabela que hablasse la que pensaua
ser su madre, quiza los oydos la sacarian de la      15
duda en que sus ojos la auian puesto.
La reyna dixo a Ysabela que en lengua es-
pañola dixesse a aquella muger, y a aquel hom-
bre, le dixessen que causa les auia mouido a
no querer gozar de la libertad que Ricaredo les      20
auia dado, siendo la libertad la cosa mas ama-
da, no solo de la gente de razon, mas aun de
los animales, que carecen della.
Todo esto pregunto Ysabela a su madre, la
qual, sin responderle palabra, desatentadamen-      25
te, y medio tropezando, se llegó a Ysabela, y
sin mirar a respecto, temores, ni miramientos
cortesanos, alçó la mano a la oreja derecha de
Ysabela, y descubrio vn lunar negro, que alli
tenia, la qual señal acabó de certificar su sos-

                                    P.34
38 NOVELAS EXEMPLARES
pecha; y viendo claramente ser Ysabela su hija,
abraçandose con ella dio vna gran voz, dizien-
do: "¡O hija de mi coraçon, o prenda cara del
alma mia!", y, sin poder passar adelante, se cayo
desmayada en los braços de Ysabela. Su padre,      5
no menos tierno que prudente, dio muestras de
su sentimiento, no con otras palabras que con
derramar lagrimas, que sesgamente su venera-
ble rostro y barbas le bañaron.
Iuntó Ysabela su rostro con el de su madre,      10
y boluiendo los ojos a su padre, de tal manera
le miró, que le dio a entender el gusto y el des-
contento que de verlos alli su alma tenia.
La reyna, admirada de tal sucesso, dixo a
Ricaredo: "Yo pienso, Ricaredo, que en vuestra      15
discrecion se han ordenado estas vistas, y no
se os diga que han sido acertadas, pues sabe-
mos que assi suele matar vna subita alegria
como mata vna tristeza"; y diziendo esto se
boluio a Ysabela y la apartó de su madre, la      20
qual, auiendole echado agua en el rostro, bol-
uio en si, y estando vn poco mas en su acuerdo,
puesto de rodillas delante de la reyna, le dixo:
"Perdone vuestra Magestad mi atreuimiento,
que no es mucho perder los sentidos con la      25
alegria del hallazgo desta amada prenda."
Respondiole la reyna que tenia razon, siruien-
dole de inteprete para que lo entendiesse
Ysabela, la qual de la manera que se ha con-
tado conocio a sus padres, y sus padres a ella,      30

                                    P.35
     LA ESPAÑOLA INGLESSA 39
a los quales mandó la reyna quedar en palacio
para que de espacio pudiessen ver y hablar a su
hija, y regozijarse con ella. De lo qual Ricaredo
se holgo mucho, y de nueuo pidio a la reyna le
cumpliesse la palabra que le auia dado de dar-      5
sela, si es que acaso la merecia, y de no mere-
cerla, le suplicaua desde luego le mandasse
ocupar en cosas que le hiziessen digno de al-
cançar lo que desseaua.
Bien entendio la reyna que estaua Ricaredo      10
satisfecho de si mismo y de su mucho valor,
que no auia necessidad de nueuas prueuas para
calificarle, y assi le dixo que de alli a quatro
dias le entregaria a Ysabela, haziendo a los dos
la honra que a ella fuesse possible. Con esto se      15
despidio Ricaredo, contentissimo con la espe-
rança propinqua que lleuaua de tener en su
poder a Ysabela sin sobresalto de perderla, que
es el vltimo desseo de los amantes.
Corrio el tiempo, y no con la ligereza que      20
el quisiera, que, los que viuen con esperanças
de promessas venideras, siempre imaginan que
no buela el tiempo, sino que anda sobre los
pies de la pereza misma. Pero, en fin, llegó
el dia, no donde penso Ricaredo poner fin a      25
sus desseos, sino de hallar en Ysabela gra-
cias nueuas que le mouiessen a quererla mas,
si mas pudiesse. Mas en aquel breue tiempo
donde el pensaua que la naue de su buena
fortuna corria con prospero viento hazia el      30
desseado puerto, la contraria suerte leuantó

                                    P.36
     40 NOVELAS EXEMPLARES
en su mar tal tormenta, que mil vezes temio
anegarle.
Es, pues, el caso, que la camarera mayor de
la reyna, a cuyo cargo estaua Ysabela, tenia
vn hijo de edad de veynte y dos años, llamado      5
el conde Arnesto. Hazianle la grandeza de su
estado, la alteza de su sangre, el mucho fauor
que su madre con la reyna tenia, hazianle, digo,
estas cosas, mas de lo justo arrogante, altiuo
y confiado. Este Arnesto, pues, se enamoró de      10
Ysabela tan encendidamente, que en la luz de
los ojos de Ysabela tenia abrasada el alma, y
aunque en el tiempo que Ricaredo auia esta-
do ausente, con algunas señales le auia des-
cubierto su desseo, nunca de Ysabela fue ad-      15
mitido.
Y puesto que la repugnancia y los desdenes
en los principios de los amores suelen hazer
desistir de la empressa a los enamorados, en
Arnesto obraron lo contrario los muchos y co-      20
nocidos desdenes que le dio Ysabela, porque
con su zelo ardia y con su honestidad se abra-
saua. Y como vio que Ricaredo, segun el pa-
recer de la reyna, tenia merecida a Ysabela, y
que en tan poco tiempo se la auia de entregar      25
por muger, quiso desesperarse; pero antes que
llegasse a tan infame y tan cobarde remedio,
habló a su madre, diziendole pidiesse a la rey-
na le diesse a Ysabela por esposa, donde no,
que pensasse que la muerte estaua llamando a      30
las puertas de su vida.

                                    P.37
LA ESPAÑOLA INGLESSA 41
Quedó la camarera admirada de las razones
de su hijo, y como conocia la aspereza de su
arrojada condicion, y la tenazidad con que se le
pegauan los desseos en el alma, temio que sus
amores auian de parar en algun infelize suces-      5
so. Con todo esso, como madre a quien es na-
tural dessear y procurar el bien de sus hijos,
prometio al suyo de hablar a la reyna, no con
esperança de alcançar della el impossible de
romper su palabra, sino por no dexar de inten-      10
tar, como en salir desafuziada, los vltimos re-
medios.
Y estando aquella mañana Ysabela vestida
por orden de la reyna tan ricamente, que no se
atreue la pluma a contarlo, y auiendole echa-      15
do la misma reyna al cuello vna sarta de per-
las de las mejores que traia la naue, que las
apreciaron en veynte mil ducados, y puestole
vn anillo de vn diamante, que se apreció en
seys mil escudos, y estando alboroçadas las      20
damas por la fiesta que esperauan del cercano
desposorio, entró la camarera mayor a la rey-
na, y de rodillas le suplicó suspendiesse el des-
posorio de Ysabela por otros dos dias, que con
esta merced sola que su Magestad le hiziesse,      25
se tendria por satisfecha y pagada de todas las
mercedes que por sus seruicios merecia y es-
peraua.
Quiso saber la reyna primero por que le pedia
con tanto ahinco aquella suspension que tan      30
derechamente yua contra la palabra que tenia
dada a Ricaredo; pero no se la quiso dar la ca-

                                    P.38
     42 NOVELAS EXEMPLARES
    marera, hasta que le huuo otorgado que haria
lo que le pedia; tanto desseo tenia la reyna de
saber la causa de aquella demanda.
Y assi, despues que la camarera alcançó lo
que por entonces desseaua, conto a la reyna      5
los amores de su hijo, y como temia que, si no
le dauan por muger a Ysabela, o se auia de
desesperar, o hazer algun hecho escandaloso, y
que si auia pedido aquellos dos dias, era por
dar lugar a su Magestad pensasse que medio      10
seria a proposito y conueniente para dar a su
hijo remedio.
La reyna respondio que si su real palabra no
estuuiera de por medio, que ella hallara salida
a tan cerrado laberinto, pero que no la que-      15
brantaria, ni defraudaria las esperanças de Ri-
caredo, por todo el interes del mundo.
Esta respuesta dio la camarera a su hijo, el
qual, sin detenerse vn punto, ardiendo en amor
y en zelos, se armó de todas armas, y sobre vn      20
fuerte y hermoso cauallo se presentó ante la
casa de Clotaldo, y a grandes vozes pidio que
se assomasse Ricaredo a la ventana, el qual a
aquella sazon estaua vestido de galas de des-
posado y a punto para yr a palacio con el acom-      25
pañamiento que tal acto requeria; mas auiendo
oydo las vozes, y siendole dicho quien las daua
y del modo que venia, con algun sobresalto se
assomó a vna ventana, y como le vio Arnesto,
dixo: "Ricaredo, estame atento a lo que dezirte      30
quiero. La reyna, mi señora, te mandó fuesses
a seruirla y a hazer hazañas que te hiziessen

                                    P.39
LA ESPAÑOLA INGLESSA 43
merecedor de la sin par Ysabela; tu fuyste, y
boluiste cargadas las naues de oro, con el qual
piensas auer comprado y merecido a Ysabela,
y aunque la reyna, mi señora te la ha prometi-
do, ha sido creyendo que no ay ninguno en su      5
corte que mejor que tu la sirua, ni quien con me-
jor titulo merezca a Ysabela; y en esto bien po-
dra ser se aya engañado; y assi, llegandome
a esta opinion, que yo tengo por verdad aueri-
guada, digo, que ni tu has hecho cosas tales      10
que te hagan merecer a Ysabela, ni ninguna
podras hazer que a tanto bien te leuante; y en
razon de que no la mereces, si quisieres contra-
dezirme, te desafio a todo tranze de muerte."
Calló el conde, y desta manera le respondio      15
Ricaredo: "En ninguna manera me toca salir a
vuestro desafio, señor conde, porque yo con-
fiesso, no solo que no merezco a Ysabela sino
que no la merece ninguno de los que oy viuen
en el mundo; assi que, confessando yo lo que      20
vos dezis, otra vez digo que no me toca vues-
tro desafio; pero yo le acepto, por el atreui-
miento que aueys tenido en desafiarme."
Con esto se quitó de la ventana, y pidio
apriessa sus armas. Alborotaronse sus pa-      25
rientes y todos aquellos que para yr a palacio
auian venido a acompañarle; de la mucha
gente que auia visto al conde Arnesto armado
y le auia oydo las vozes del dessafio, no faltó

                                    P.40
     44 NOVELAS EXEMPLARES
quien lo fue a contar a la reyna, la qual man-
dó al capitan de su guarda que fuesse a prender
al conde. El capitan se dio tanta priessa, que
llegó a tiempo que ya Ricaredo salia de su casa
armado con las armas con que se auia desem-      5
barcado, puesto sobre vn hermoso cauallo.
Quando el conde vio al capitan, luego ima-
ginó a lo que venia, y determinó de no dexar
prenderse, y alçando la voz contra Ricaredo,
dixo: "Ya vees, Ricaredo, el impedimento que      10
nos viene; si tuuieres gana de castigarme, tu me
buscarás; y por la que yo tengo de castigarte,
tambien te buscaré; y pues dos que se buscan,
facilmente se hallan, dexemos para entonces la
execucion de nuestros desseos."      15
"Soy contento", respondio Ricaredo.
En esto llegó el capitan con toda su guarda,
y dixo al conde que fuesse preso en nombre de
su Magestad.
Respondio el conde que si daua; pero no      20
para que le lleuassen a otra parte que a la pre-
sencia de la reyna.
Contentose con esto el capitan, y cogiendole
en medio de la guarda, le lleuó a palacio ante
la reyna, la qual ya de su camarera estaua in-      25
formada del amor grande que su hijo tenia a
Ysabela, y con lagrimas auia suplicado a la
reyna perdonasse al conde, que, como moço y
enamorado, a mayores yerros estaua sujeto.

                                    P.41
LA ESPAÑOLA INGLESSA 45
Llegó Arnesto ante la reyna, la qual, sin en-
trar con el en razones, le mandó quitar la espa-
da y lleuassen preso a vna torre. Todas estas
cosas atormentauan el coraçon de Ysabela y de
sus padres, que tan presto veian turbado el mar      5
de su sossiego. Aconsejó la camarera a la reyna
que, para sossegar el mal que podia suceder en-
tre su parentela y la de Ricaredo, que se qui-
tasse la causa de por medio, que era Ysabela,
embiandola a España, y assi cessarian los efe-      10
tos que deuian de temerse, añadiendo a estas
razones, dezir que Ysabela era catholica, y tan
christiana, que ninguna de sus persuasiones,
que auian sido muchas, la auian podido tor-
cer en nada de su catholico intento.      15
A lo qual respondio la reyna que por esso la
estimaua en mas, pues tan bien sabia guardar
la ley que sus padres la auian enseñado, y que
en lo de embiarla a España no tratasse, porque
su hermosa presencia y sus muchas gracias y      20
virtudes le dauan mucho gusto, y que sin duda,
si no aquel dia, otro, se la auia de dar por es-
posa a Ricaredo, como se lo tenia prometido.
Con esta resolucion de la reyna, quedó la
camarera tan desconsolada, que no le replicó      25
palabra; y pareciendole lo que ya le auia pare-
cido, que, si no era quitando a Ysabela de por
medio, no auia de auer medio alguno que la

                                    P.42
     46 NOVELAS EXEMPLARES
rigurosa condicion de su hijo ablandasse ni re-
duxesse a tener paz con Ricaredo, determinó de
hazer vna de las mayores crueldades que pudo
cauer jamas en pensamiento de muger princi-
pal, y tanto como ella lo era; y fue su determi-      5
nacion matar con tosigo a Ysabela; y como por
la mayor parte sea la condicion de las mugeres
ser prestas y determinadas, aquella misma tar-
de atossigó a Ysabela en vna conserua que le
dio, forçandola que la tomasse, por ser buena      10
contra las ansias de coraçon que sentia.
Poco espacio passó despues de auerla toma-
do, quando a Ysabela se le començo a hinchar
la lengua y la garganta, y a ponersele denegri-
dos los labios y a enronquezersele la voz, tur-      15
barsele los ojos y apretarsele el pecho; todas
conocidas señales de auerle dado veneno.
Acudieron las damas a la reyna, contandole
lo que passaua y certificandole que la camarera
auia hecho aquel mal recaudo. No fue menester      20
mucho para que la reyna lo creyesse, y assi fue
a ver a Ysabela, que ya casi estaua espirando.
Mandó llamar la reyna con priessa a sus
medicos, y en tanto que tardauan, la hizo dar
cantidad de poluos de vnicornio, con otros      25
muchos antidotos que los grandes principes
suelen tener preuenidos para semejantes neces-
sidades. Vinieron los medicos y esforçaron los
remedios, y pidieron a la reyna hiziesse dezir
a la camarera que genero de veneno le auia      30
dado, porque no se dudaua que otra persona
alguna sino ella la huuiesse auenenado. Ella lo

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LA ESPAÑ0LA INGLESSA 47
descubrio, y con esta noticia los medicos apli-
caron tantos remedios y tan eficazes, que con
ellos y con el ayuda de Dios, quedó Ysabela con
vida, o, a lo menos, con esperança de tenerla.
Mandó la reyna prender a su camarera y en-      5
cerrarla en vn aposento estrecho de palacio,
con intencion de castigarla como su delito me-
recia, puesto que ella se disculpaua diziendo
que en matar a Ysabela hazia sacrificio al cielo,
quitando de la tierra a vna catholica, y con ella      10
la ocasion de las pendencias de su hijo. Estas
tristes nueuas, oydas de Ricaredo, le pusieron
en terminos de perder el juyzio; tales eran las
cosas que hazia y las lastimeras razones con
que se quexaua. Finalmente, Ysabela no perdio      15
la vida, que el quedar con ella la naturaleza lo
comutó en dexarla sin cejas, pestañas y sin ca-
bello; el rostro hinchado, la tez perdida, los
cueros leuantados y los ojos lagrimosos. Final-
mente, quedó tan fea que, como hasta alli auia      20
parecido vn milagro de hermosura, entonces
parecia vn monstruo de fealdad. Por mayor
desgracia tenian los que la conocian auer que-
dado de aquella manera, que si la huuiera muer-
to el veneno.      25
Con todo esto, Ricaredo se la pidio a la reyna,
y le suplicó se la dexasse lleuar a su casa, por-
que el amor que la tenia passaua del cuerpo al
alma; y que si Ysabela auia perdido su belleza,
no podia auer perdido sus infinitas virtudes.      30
"Assi es", dixo la Reyna; "lleuaosla, Ricare-
do, y hazed cuenta que lleuays vna riquissima

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     48 NOVELAS EXEMPLARES
joya, encerrada en vna caxa de madera tosca;
Dios sabe si quisiera darosla como me la entre-
gastes; pero pues no es possible, perdonadme,
quiza el castigo que diere a la cometedora de
tal delito, satisfara en algo el desseo de la ven-      5
gança."
Muchas cosas dixo Ricaredo a la reyna, des-
culpando a la camarera, y suplicandola la
perdonasse, pues las desculpas que daua
eran bastantes para perdonar mayores insultos.      10
Finalmente, le entregaron a Ysabela y a sus pa-
dres, y Ricaredo los lleuó a su casa, digo a la
de sus padres; a las ricas perlas y al diamante,
añadio otras joyas la reyna, y otros vestidos ta-
les, que descubrieron el mucho amor que a Ysa-      15
bela tenia, la qual duró dos meses en su fealdad,
sin dar indicio alguno de poder reduzirse a su
primera hermosura; pero al cabo deste tiempo
començo a caersele el cuero y a descubrirsele
su hermosa tez.      20
En este tiempo, los padres de Ricaredo, pa-
reciendoles no ser possible que Ysabela en si
boluiesse, determinaron embiar por la donzella
de Escocia, con quien primero que con Ysabela
tenian concertado de casar a Ricaredo, y esto      25
sin que el lo supiesse, no dudando que la her-
mosura presente de la nueua esposa hiziesse
oluidar a su hijo la ya passada de Ysabela, a
la qual pensauan embiar a España con sus

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LA ESPAÑOLA INGLESSA 49
padres, dandoles tanto auer y riquezas, que re-
compensassen sus passadas perdidas. No passó
mes y medio, quando sin sabiduria de Ricaredo
la nueua esposa se le entró por las puertas,
acompañada como quien ella era, y tan hermo-      5
sa, que despues de la Ysabela que solia ser, no
auia otra tan bella en toda Londres.
Sobresaltose Ricaredo con la improuisa vista
de la donzella, y temio que el sobresalto de su
venida auia de acabar la vida a Ysabela, y assi,      10
para templar este temor, se fue al lecho donde
Ysabela estaua, y hallola en compañia de sus
padres, delante de los quales dixo: "Ysabela
de mi alma: mis padres, con el grande amor
que me tienen, aun no bien enterados del mu-      15
cho que yo te tengo, han traydo a casa vna
donzella escocessa, con quien ellos tenian con-
certado de casarme antes que yo conociesse lo
que vales; y esto, a lo que creo, con intencion
que la mucha belleza desta donzella borre de      20
mi alma la tuya, que en ella estampada tengo.
Yo, Ysabela, desde el punto que te quise, fue
con otro amor de aquel que tiene su fin y pa-
radero en el cumplimiento del sensual apetito,
que puesto que tu corporal hermosura me cau-      25
tiuó los sentidos, tus infinitas virtudes me apri-
sionaron el alma de manera que, si hermosa te
quise, fea te adoro; y para confirmar esta verdad,
dame essa mano", y dandole ella la derecha y
assiendola el con la suya, prosiguio diziendo:      30
"Por la fe catholica que mis christianos padres

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     50 NOVELAS EXEMPLARES
me enseñaron, la qual, si no esta en la entereza
que se requiere, por aquella juro que guarda
el pontifice romano, que es la que yo en mi
coraçon confiesso, creo y tengo, y por el ver-
dadero Dios que nos esta oyendo, te prometo,      5
¡o Ysabela!, mitad de mi alma, de ser tu espo-
so, y lo soy desde luego, si tu quieres leuan-
tarme a la alteza de ser tuyo."
Quedó suspensa Ysabela con las razones de
Ricaredo, y sus padres atonitos y pasmados.      10
Ella no supo que dezir, ni hazer otra cosa, que
besar muchas vezes la mano de Ricaredo, y de-
zirle con voz mezclada con lagrimas que ella le
aceptaua por suyo, y se entregaua por su escla-
ua. Besola Ricaredo en el rostro feo, no auien-      15
do tenido jamas atreuimiento de llegarse
a el quando hermoso. Los padres de Ysabela
solenizaron con tiernas y muchas lagrimas las
fiestas del desposorio. Ricaredo les dixo que el
dilataria el casamiento de la escocessa, que ya      20
estaua en casa, del modo que despues verian;
y quando su padre los quisiesse embiar a Es-
paña a todos tres, no lo rehusassen, sino que
se fuessen, y le aguardassen en Cadiz, o en Se-
uilla, dos años, dentro de los quales les daua      25
su palabra de ser con ellos, si el cielo tanto
tiempo le concedia de vida; y que si deste ter-
mino passasse, tuuiesse por cosa certissima,
que algun grande impedimento, o la muerte,
que era lo mas cierto, se auia opuesto a su      30
camino.

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     LA ESPAÑOLA INGLESSA 51
Ysabela le respondio, que no solos dos años
le aguardaria, sino todos aquellos de su vida,
hasta estar enterada que el no la tenia; porque
en el punto que esto supiesse, seria el mismo
de su muerte. Con estas tiernas palabras se      5
renouaron las lagrimas en todos, y Ricaredo
salio a dezir a sus padres como en ninguna
manera se casaria, ni daria la mano a su espo-
sa la escocessa, sin auer primero ydo a Roma
a assegurar su conciencia. Tales razones supo      10
dezir a ellos, y a los parientes, que auian veni-
do con Clisterna, que assi se llamaba la esco-
cessa, que como todos eran catholicos, facil-
mente las creyeron, y Clisterna se contentó de
quedar en casa de su suegro, hasta que Ricare-      15
do boluiesse, el qual pidio de termino vn año.
Esto ansi puesto y concertado, Clotal-
do dixo a Ricaredo como determinaua embiar
a España a Ysabela y a sus padres, si la reyna
le daua licencia; quiza los ayres de la patria      20
apresurarian y facilitarian la salud, que ya co-
mençaua a tener.
Ricaredo, por no dar indicio de sus designios,
respondio tibiamente a su padre, que hizies-
se lo que mejor le pareciesse; solo le suplicó      25
que no quitasse a Ysabela ninguna cosa de las
riquezas que la reyna le auia dado.
Prometioselo Clotaldo, y aquel mismo dia
fue a pedir licencia a la reyna, assi para casar

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    52 NOVELAS EXEMPLARES
a su hijo con Clisterna, como para embiar a
Ysabela y a sus padres a España.
De todo se contentó la reyna, y tuuo por
acertada la determinacion de Clotaldo; y aquel
mismo dia, sin acuerdo de letrados, y sin poner      5
a su camarera en tela de juyzio, la condenó en
que no siruiesse mas su oficio, y en diez mil
escudos de oro para Ysabela; y al conde Arnes-
to, por el dessafio, le desterro por seys años
de Inglaterra.      10
No passaron quatro dias, quando ya Arnesto
se puso a punto de salir a cumplir su destierro,
y los dineros estuuieron juntos. La reyna llamó
a vn mercader rico, que habitaua en Londres,
y era frances, el qual tenia correspondencia en      15
Francia, Italia y España, al qual entregó los
diez mil escudos, y le pidio cedulas, para que
se los entregassen al padre de Ysabela en Se-
uilla, o en otra playa de España.
El mercader, descontados sus interesses y      20
ganancias, dixo a la reyna que las daria cier-
tas y seguras para Seuilla, sobre otro merca-
der frances, su correspondiente, en esta forma:
que el escriuiria a Paris, para que alli se hizies-
sen las cedulas, por otro correspondiente suyo,      25
a causa que rezassen las fechas de Francia y
no de Inglaterra, por el contrauando de la co-
municacion de los dos reynos, y que bastaua
lleuar vna letra de auiso suya sin fecha, con
sus contraseñas, para que luego diesse el dine-      30

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LA ESPAÑOLA INGLESSA 53
ro el mercader de Seuilla, que ya estaria aui-
sado del de Paris.
En resolucion, la reyna tomó tales segurida-
des del mercader, que no dudó de no ser cierta
la partida. Y no contenta con esto, mandó lla-      5
mar a vn patron de vna naue flamenca, que
estaua para partirse otro dia a Francia, a solo
tomar en algun puerto della testimonio, para
poder entrar en España, a titulo de partir de
Francia, y no de Inglaterra, al qual pidio enca-      10
recidamente lleuasse en su naue a Ysabela y
a sus padres, y con toda seguridad y buen tra-
tamiento los pusiesse en vn puerto de España,
el primero a do llegasse.
El patron, que desseaua contentar a la reyna,      15
dixo que si haria, y que los pondria en Lisboa,
Cadiz o Seuilla.
Tomados, pues, los recaudos del mercader,
embió la reyna a dezir a Clotaldo no quitasse
a Ysabela todo lo que ella la auia dado, assi      20
de joyas, como de vestidos. Otro dia vino Ysa-
bela y sus padres a despedirse de la reyna, que
los recibio con mucho amor. Dioles la Reyna
la carta del mercader, y otras muchas dadiuas,
assi de dineros como de otras cosas de regalo,      25
para el viage; con tales razones se lo agrade-
cio Ysabela, que de nueuo dexó obligada a la
reyna para hazerle siempre mercedes.
Despidiose de las damas, las quales, como
ya estaua fea, no quisieran que se partiera,      30
viendose libres de la embidia que a su hermo-

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    54 NOVELAS EXEMPLARES
sura tenian, y contentas de gozar de sus gracias
y discreciones.
Abraçó la reyna a los tres, y encomendando-
los a la buena ventura, y al patron de la
naue, y pidiendo a Ysabela la auisasse de      5
su buena llegada a España, y siempre de su sa-
lud por la via del mercader frances, se des-
pidio de Ysabela y de sus padres, los quales
aquella misma tarde se embarcaron, no sin la-
grimas de Clotaldo y de su muger, y de todos      10
los de su casa, de quien era en todo estremo
bien querida. No se halló a esta despedida pre-
sente Ricaredo, que, por no dar muestras de
tiernos sentimientos, aquel dia hizo con vnos
amigos suyos le lleuassen a caça. Los regalos      15
que la señora Catalina dio a Ysabela para el
viage, fueron muchos, los abraços infinitos, las
lagrimas en abundancia, las encomiendas de
que la escriuiesse sin numero, y los agradezi-
mientos de Ysabela y de sus padres correspon-      20
dieron a todo, de suerte que, aunque llorando,
los dexaron satisfechos.
Aquella noche se hizo el baxel a la vela, y
auiendo con prospero viento tocado en Francia,
y tomado en ella los recados necessarios      25
para poder entrar en España, de alli a treynta
dias entró por la barra de Cadiz, donde se des-
embarcaron Ysabela y sus padres; y siendo co-

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LA ESPAÑOLA INGLESSA 55
nocidos de todos los de la ciudad, los recibieron
con muestras de mucho contento. Recibieron
mil parabienes del hallazgo de Ysabela y de
la libertad que auian alcançado, ansi de los
moros, que los auian cautiuado, auiendo sabido      5
todo su sucesso de los cautiuos que dio liber-
tad la liberalidad de Ricaredo, como de la que
auian alcançado de los inglesses.
Ya Ysabela en este tiempo començaua a dar
grandes esperanças de boluer a cobrar su pri-      10
mera hermosura. Poco mas de vn mes estuuie-
ron en Cadiz, restaurando los trabajos de la na-
uegacion, y luego se fueron a Seuilla, por ver
si salia cierta la paga de los diez mil ducados,
que librados sobre el mercader frances traian.      15
Dos dias despues de llegar a Seuilla, le busca-
ron y le hallaron, y le dieron la carta del mer-
cader frances de la ciudad de Londres.
El la reconocio, y dixo que, hasta que de Pa-
ris le viniessen las letras, y carta de auiso, no      20
podia dar el dinero, pero que por momentos
aguardaua el auiso.
Los padres de Ysabela alquilaron vna casa
principal, frontero de santa Paula, por oca-
sion que estaua monja en aquel santo monaste-      25
rio vna sobrina suya, vnica y estremada en la
voz, y assi por tenerla cerca, como por auer di
cho Ysabela a Ricaredo que, si viniesse a bus-
carla, la hallaria en Seuilla, y le diria su casa su
prima la monja de santa Paula, y que para co-      30

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5 NOVELAS EXEMPLARES
nocella no auia menester mas de preguntar
por la monja que tenia la mejor voz en el mo-
nasterio, porque estas señas no se le