NOVELA del Amante liberal
"¡O lamentables ruynas de la desdichada Ni-
cosia, apenas enjutas de la sangre de vues-
tros valerosos y mal afortunados defensores!
Si, como careceys de sentido, le tuuierades aora
en esta soledad donde estamos, pudieramos      5
lamentar juntas nuestras desgracias, y quiza el
auer hallado compañia en ellas aliuiara nuestro
tormento. Esta esperança os puede auer queda-
do, mal derribados torreones, que otra vez, aun-
que no para tan justa defensa como la en que os      10
derribaron, os podeys ver leuantados. Mas yo,
desdichado, ¿que bien podre esperar en la mi-
serable estrecheza en que me hallo, aunque
buelua al estado en que estaua antes deste en
que me veo? Tal es mi desdicha, que en la      15
libertad fui sin ventura, y en el cautiuerio, ni la
tengo, ni la espero."
Estas razones dezia vn cautiuo christiano, mi-
rando desde vn recuesto las murallas derribadas
de la ya perdida Nicosia, y assi hablaua con      20
ellas y hazia comparacion de sus miserias a las
suyas, como si ellas fueran capazes de enten-
derle, propia condicion de afligidos que, lleua-

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NOVELAS EXEMPLARES
dos de sus imaginaciones, hazen y dizen cosas
agenas de toda razon y buen discurso.
En esto salio de vn pauellon o tienda, de
quatro que estauan en aquella campaña pues-
tas, vn turco mancebo de muy buena disposi-      5
cion y gallardia, y, llegandose al christiano, le
dixo: "Apostaria yo, Ricardo amigo, que te
traen por estos lugares tus continuos pensa-
mientos."
"Si traen", respondio Ricardo, que este era      10
el nombre del cautiuo, "mas ¿que aprouecha, si
en ninguna parte a do voy hallo tregua ni des-
canso en ellos?; antes me los han acrecentado
estas ruynas que desde aqui se descubren."
"Por las de Nicosia diras" , dixo el turco.      15
"Pues, ¿por quales quieres que diga" , re-
pitio Ricardo, "si no ay otras que a los ojos por
aqui se ofrezcan?"
"Bien tendras que llorar" , replicó el turco,
"si en essas contemplaciones entras. Porque los      20
que vieron aura dos años a esta nombrada y
rica isla de Chipre en su tranquilidad y sossiego,
gozando sus moradores en ella de todo aquello
que la felicidad humana puede conceder a los
hombres, y aora los vee o contempla, o deste-      25
rrados della, o en ella cautiuos y miserables,
¿como podra dexar de no dolerse de su cala-
midad y desuentura? Pero dexemos estas cosas,
pues no lleuan remedio, y vengamos a las
tuyas, que quiero ver si le tienen, y assi te      30

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EL AMANTE LIBERAL
ruego, por lo que deues a la buena voluntad
que te he mostrado, y por lo que te obliga el
ser entrambos de vna misma patria y auernos
criado en nuestra niñez juntos, que me digas
qué es la causa que te trae tan demasiadamen-      5
te triste, que, puesto caso que sola la del cauti-
uerio es bastante para entristezer el coraçon
mas alegre del mundo, todavia imagino que de
mas atras traen la corriente tus desgracias.
Porque los generosos animos como el tuyo, no      10
suelen rendirse a las comunes desdichas tanto,
que den muestras de extraordinarios sentimien-
tos, y hazeme creer esto, el saber yo que no
eres tan pobre que te falte para dar quanto pidie-
ren por tu rescate, ni estas en las torres del mar      15
Negro, como cautiuo de consideracion que
tarde o nunca alcança la desseada libertad. Assi
que, no auiendote quitado la mala suerte las
esperanças de verte libre, y con todo esto verte
rendido a dar miserables muestras de tu des-      20
uentura, no es mucho que imagine que tu pena
procede de otra causa que de la libertad que
perdiste, la qual causa te suplico me digas, ofre-
ciendote quanto puedo y valgo; quiza para
que yo te sirua ha traydo la fortuna este rodeo      25
de auerme hecho vestir deste habito que abo-
rrezco. Ya sabes, Ricardo, que es mi amo el cadi
desta ciudad, que es lo mismo que ser su obispo.
Sabes tambien lo mucho que vale, y lo mucho
que con el puedo. Iuntamente con esto, no igno-      30

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NOVELAS EXEMPLARES
ras el desseo encendido que tengo de no morir
en este estado que parece que professo, pues
quando mas no pueda, tengo de confessar y
publicar a vozes la fe de Iesu Christo, de quien
me apartó mi poca edad y menos entendimien-      5
to, puesto que se que tal confession me ha de
costar la vida, que, a trueco de no perder la del
alma, dare por bien empleado perder la del
cuerpo. De todo lo dicho quiero que infieras y
que consideres que te puede ser de algun pro-      10
uecho mi amistad, y que, para saber qué reme-
dios o aliuios puede tener tu desdicha, es me-
nester que me la cuentes, como ha menester el
medico la relacion del enfermo, assegurandote
que la depositaré en lo mas escondido del si-      15
lencio."
A todas estas razones, estuuo callando Ricar-
do, y viendose obligado dellas y de la necessi-
dad, le respondio con estas: "Si assi como has
acertado, ¡o amigo Mahamut!, que assi se lla-      20
maua el turco, en lo que de mi desdicha ima-
ginas, acertaras en su remedio, tuuiera por bien
perdida mi libertad, y no trocara mi desgracia
con la mayor ventura que imaginarse pudiera;
mas yo se que ella es tal, que todo el mundo      25
podra saber bien la causa de donde procede,
mas no aura en el persona que se atreua, no
solo a hallarle remedio, pero ni aun aliuio. Y
para que quedes satisfecho desta verdad, te la
contaré en las menos razones que pudiere; pero      30
antes que entre en el confuso laberinto de mis
males, quiero que me digas qué es la causa que

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EL AMANTE LIBERAL
Azam baxa, mi amo, ha hecho plantar en
esta campaña estas tiendas y pauellones antes
de entrar en Nicosia, donde viene proueydo por
virrey o por baxa, como los turcos llaman a los
virreyes."      5
"Yo te satisfare breuemente", respondio Ma-
hamut, "y assi has de saber que es costumbre
entre los turcos, que, los que van por virreyes de
alguna prouincia, no entran en la ciudad donde
su antecessor habita, hasta que el salga della      10
y dexe hazer libremente al que viene la resi-
dencia; y en tanto que el baxa nueuo la haze,
el antiguo se esta en la campaña, esperando lo
que resulta de sus cargos, los quales se le hazen
sin que el pueda interuenir a valerse de so-      15
bornos ni amistades, si ya primero no lo ha
hecho. Hecha, pues, la residencia, se la dan al
que dexa el cargo en vn pergamino cerrado y
sellado, y con ella se presenta a la puerta del
gran señor, que es como dezir en la Corte, ante      20
el gran Consejo del turco. La qual, vista por el
visir baxa y por los otros quatro baxaes me-
nores, como si dixessemos ante el presidente
del Real Consejo y oydores, o le premian o le
castigan, segun la relacion de la residencia,      25
puesto que si viene culpado, con dineros res-
cata y escusa el castigo. Si no viene culpado y
no le premian, como sucede de ordinario, con
dadiuas y presentes alcança el cargo que mas
se le antoja, porque no se dan alli los cargos      30

                                    P.6
NOVELAS EXEMPLARES
y oficios por merecimientos, sino por dineros;
todo se vende y todo se compra. Los proueedo-
res de los cargos, roban los proueydos en ellos
y los desuellan; deste oficio comprado sale la
sustancia para comprar otro que mas ganancia      5
promete. Todo va como digo, todo este impe-
rio es violento, señal que prometia no ser dura-
ble; pero a lo que yo creo, y assi deue de ser
verdad, le tienen sobre sus ombros nuestros
pecados, quiero dezir los de aquellos que des-      10
caradamente y a rienda suelta ofenden a Dios,
como yo hago; El se acuerde de mi por quien
El es. Por la causa que he dicho, pues, tu amo,
Azam baxa, ha estado en esta campaña quatro
dias, y si el de Nicosia no ha salido, como      15
deuia, ha sido por auer estado muy malo, pero
ya esta mejor y saldra oy o mañana, sin duda
alguna, y se ha de alojar en vnas tiendas que
estan detras deste recuesto, que tu no has visto,
y tu amo entrará luego en la ciudad; y esto es      20
lo que ay que saber de lo que me preguntaste."
"Escucha, pues", dixo Ricardo, "mas no se si
podre cumplir lo que antes dixe que en breues
razones te contaria mi desuentura, por ser ella
tan larga y desmedida, que no se puede me-      25
dir con razon alguna; con todo esto, hare lo que
pudiere y lo que el tiempo diere lugar. Y assi
te pregunto: primero, si conoces en nuestro lu-
gar de Trapana vna donzella a quien la fama
daua nombre de la mas hermosa muger que      30
auia en toda Sicilia. Vna donzella, digo, por
quien dezian todas las curiosas lenguas, y afir-

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EL AMANTE LIBERAL
mauan los mas raros entedimientos, que era
la de mas perfecta hermosura que tuuo la edad
passada, tiene la presente y espera tener la que
esta por venir: vna por quien los poetas can-
tauan que tenia los cabellos de oro y que eran      5
sus ojos dos resplandecientes soles, y sus me-
xillas purpureas rosas, sus dientes perlas, sus
labios rubies, su garganta alabastro, y que sus
partes con el todo y el todo con sus partes,
hazian vna marauillosa y concertada armonia,      10
esparciendo naturaleza sobre todo vna suaui-
dad de colores, tan natural y perfecta, que
jamas pudo la embidia hallar cosa en que po-
nerle tacha. ¿Que es possible, Mahamut, que ya
no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin      15
duda creo, o que no me oyes, o que, quando en
Trapana estauas, carecias de sentido."
"En verdad, Ricardo", respondio Mahamut,
"que si la que has pintado con tantos estremos
de hermosura, no es Leonisa, la hija de Rodolfo      20
Florencio, no se quien sea, que esta sola tenia
la fama que dizes."
"Essa es, ¡o Mahamut!", respondio Ricardo,
"essa es, amigo, la causa principal de todo mi
bien y de toda mi desuentura. Essa es, que no      25
la perdida libertad, por quien mis ojos han de-
rramado, derraman y derramarán lagrimas sin
cuento, y la por quien mis sospiros encienden
el ayre, cerca y lexos, y la por quien mis razo-
nes cansan al cielo que las escucha y a los      30
oydos que las oyen. Essa es por quien tu me
has juzgado por loco, o, por lo menos, por de

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NOVELAS EXEMPLARES
poco valor y menos animo. Esta Leonisa, para
mi leona, y mansa cordera para otro, es la que
me tiene en este miserable estado. Porque has
de saber que, desde mis tiernos años, o a lo
menos desde que tuue vso de razon, no solo la      5
amé, mas la adoré y serui con tanta solicitud,
como si no tuuiera en la tierra ni en el cielo
otra deidad a quien siruiesse ni adorasse; sa-
bian sus deudos y sus padres mis desseos, y
jamas dieron muestra de que les pesasse, con-      10
siderando que yuan encaminados a fin honesto
y virtuoso, y assi muchas vezes se yo que se lo
dixeron a Leonisa, para disponerle la voluntad
a que por su esposo me recibiesse. Mas ella,
que tenia puestos los ojos en Cornelio, el hijo      15
de Ascanio Rotulo, que tu bien conoces (man-
cebo galan, atildado, de blandas manos y rizos
cabellos, de voz meliflua y de amorosas pala-
bras, y, finalmente, todo hecho de ambar y de
alfeñique, guarnecido de telas y adornado de      20
brocados), no quiso ponerlos en mi rostro, no
tan delicado como el de Cornelio, ni quiso agra-
decer siquiera mis muchos y continuos serui-
cios, pagando mi voluntad con desdeñarme y
aborrecerme; y a tanto llegó el estremo de      25
amarla, que tomara por partido dichoso que
me acabara a pura fuerça de desdenes y des-
agradecimientos, con que no diera descubier-
tos aunque honestos fauores a Cornelio. ¡Mira,
pues, si llegandose a la angustia del desden y      30

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EL AMANTE LIBERAL
aborrecimiento, la mayor y mas cruel rabia de
los zelos, qual estaria mi alma de dos tan mor-
tales pestes combatida! Dissimulauan los padres
de Leonisa los fauores que a Cornelio hazia,
creyendo, como estaua en razon que creyessen,      5
que, atraydo el moço de su incomparable y be-
llissima hermosura, la escogeria por su esposa,
y en ello grangearian yerno mas rico que con-
migo, y bien pudiera ser, si assi fuera; pero no
le alcançaran, sin arrogancia sea dicho, de me-      10
jor condicion que la mia, ni de mas altos pen-
samientos, ni de mas conocido valor que el mio.
Sucedio, pues, que, en el discurso de mi pre-
tension, alcancé a saber que vn dia del mes
passado de mayo, que este de oy haze vn año,      15
tres dias y cinco horas, Leonisa y sus padres, y
Cornelio y los suyos, se yuan a solazar con
toda su parentela y criados al jardin de Asca-
nio, que esta cercano a la marina, en el camino
de las salinas".      20
"Bien lo se" , dixo Mahamut; "passa adelante
Ricardo, que mas de quatro dias tuue en el,
quando Dios quiso, mas de quatro buenos
ratos."
"Supelo", replicó Ricardo, "y, al mismo ins-      25
tante que lo supe, me ocupó el alma vna furia,
vna rabia y vn infierno de zelos, con tanta vehe-
mencia y rigor, que me sacó de mis sentidos,
como lo veras por lo que luego hize, que fue
yrme al jardin donde me dixeron que estauan,      30
y hallé a la mas de la gente solazandose, y
debaxo de vn nogal sentados a Cornelio y a

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NOVELAS EXEMPLARES
Leonisa, aunque desuiados vn poco. Qual ellos
quedaron de mi vista no lo se; de mi se dezir
que quedé tal con la suya, que perdi la de mis
ojos y me quedé como estatua, sin voz ni moui-
miento alguno. Pero no tardó mucho en des-      5
pertar el enojo a la colera, y la colera a la
sangre del coraçon, y la sangre a la ira, y la
ira a las manos y a la lengua, puesto que las
manos se ataron con el respecto, a mi parecer
deuido al hermoso rostro que tenia delante.      10
Pero la lengua rompio el silencio con estas
razones: Contenta estaras, ¡o enemiga mortal
de mi descanso!, en tener con tanto sossiego de-
lante de tus ojos la causa que hara que los
mios viuan en perpetuo y doloroso llanto. Lle-      15
gate, llegate, cruel, vn poco mas, y enrede tu
yedra a esse inutil tronco que te busca. Peyna
o ensortija aquellos cabellos de esse tu nueuo
Ganimedes, que tibiamente te solicita. Acaba
ya de entregarte a los banderizos años desse      20
moço en quien contemplas, por que, perdiendo
yo la esperança de alcançarte, acabe con ella la
vida, que aborrezco. ¿Piensas por ventura, so-
beruia y mal considerada donzella, que contigo
sola se han de romper y faltar las leyes y fue-      25
ros que en semejantes casos en el mundo se
vsan? ¿Piensas, quiero dezir, que este moço, al-
tiuo por su riqueza, arrogante por su gallardia,
inexperto por su edad poca, confiado por su li-
nage, ha de querer, ni poder, ni saber guardar      30
firmeza en sus amores, ni estimar lo inestima-
ble, ni conocer lo que conocen los maduros y

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EL AMANTE LIBERAL
experimentados años? No lo pienses, si lo pien-
sas, porque no tiene otra cosa buena el mundo
sino hazer sus acciones siempre de vna misma
manera, por que no se engañe nadie, sino por
su propia ignorancia. En los pocos años esta la      5
inconstancia mucha, en los ricos la soberuia, la
vanidad en los arrogantes, y en los hermosos
el desden, y en los que todo esto tienen la ne-
cedad, que es madre de todo mal sucesso. Y
tu, ¡o moço, que tan a tu saluo piensas lleuar      10
el premio mas deuido a mis buenos desseos,
que a los ociosos tuyos!, ¿por qué no te le-
uantas de esse estrado de flores donde yazes,
y vienes a sacarme el alma, que tanto la tuya
aborrece? Y no porque me ofendas en lo que      15
hazes, sino porque no sabes estimar el bien que
la ventura te concede, y veese claro que le tie-
nes en poco, en que no quieres mouerte a defen-
delle, por no ponerte a riesgo de descomponer
la afeytada compostura de tu galan vestido. Si      20
essa tu reposada condicion tuuiera Aquiles,
bien seguro estuuiera Vlisses de no salir con su
empressa, aunque mas le mostrara resplande-
cientes armas y azerados alfanjes. Vete, vete, y
recreate entre las donzellas de tu madre, y alli      25
ten cuydado de tus cabellos y de tus manos, mas
despiertas a deuanar blando sirgo, que a empu-
ñar la dura espada.
"A todas estas razones jamas se leuantó Cor-
nelio del lugar donde le hallé sentado, antes se      30
estuuo quedo, mirandome como embelesado,
sin mouerse; y a las leuantadas vozes con que

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NOVELAS EXEMPLARES
le dixe lo que has oydo, se fue llegando la gente
que por la huerta andaua, y se pusieron a escu-
char otros mas improp[er]ios, que a Cornelio
dixe, el qual, tomando animo con la gente que
acudio, porque todos, o los mas, eran sus pa-      5
rientes, criados o allegados, dio muestras de
leuantarse, mas antes que se pusiesse en pie,
puse mano a mi espada, y acometile, no solo a
el, sino a todos quantos alli estauan. Pero ape-
nas vio Leonisa reluzir mi espada, quando le      10
tomó un rezio desmayo, cosa que me puso en
mayor coraje y mayor despecho. Y no te sabre
dezir, si los muchos que me acometieron aten-
dian no mas de a defenderse, como quien se
defiende de vn loco furioso, o si fue mi buena      15
suerte y diligencia, o el cielo, que para mayores
males queria guardarme, porque, en efeto, heri
siete o ocho de los que hallé mas a mano; a
Cornelio le valio su buena diligencia, pues fue
tanta la que puso en los pies huyendo, que se      20
escapó de mis manos.
"Estando en este tan manifiesto peligro, cer-
cado de mis enemigos, que ya como ofendidos
procurauan vengarse, me socorrio la ventura
con vn remedio, que fuera mejor auer dexado      25
alli la vida, que no, restaurandola por tan no
pensado camino, venir a perderla cada hora mil
y mil vezes. Y fue, que de improuiso dieron en
el jardin mucha cantidad de turcos de dos ga-
leotas de cosarios de Viserta, que en vna cala,      30
que alli cerca estaua, auian desembarcado, sin
ser sentidos de las centinelas de las torres de la

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EL AMANTE LIBERAL
marina, ni descubiertos de los corredores o ata-
jadores de la costa. Quando mis contrarios los
vieron, dexandome solo, con presta celeridad
se pusieron en cobro; de quantos en el jardin es-
tauan, no pudieron los turcos cautiuar mas de      5
a tres personas y a Leonisa, que aun se estaua
desmayada; a mi me cogieron con quatro dis-
formes heridas, vengadas antes por mi mano
con quatro turcos, que de otras quatro dexé sin
vida tendidos en el suelo. Este assalto hizieron      10
los turcos con su acostumbrada diligencia, y,
no muy contentos del sucesso, se fueron a em-
barcar, y luego se hizieron a la mar, y a vela y
remo en breue espacio se pusieron en la Fabia-
na. Hizieron reseña, por ver que gente les      15
faltaua, y viendo que los muertos eran quatro
soldados de aquellos que ellos llaman leuen-
tes, y de los mejores y mas estimados
que traian, quisieron tomar en mi la vengança.
Y assi mandó el arraez de la capitana baxar la      20
entena, para ahorcarme.
"Todo esto estaua mirando Leonisa, que ya
auia buelto en si, y, viendose en poder de los
cosarios, derramaua abundancia de hermosas
lagrimas, y torciendo sus manos delicadas, sin      25
hablar palabra estaua atenta a ver si entendia
lo que los turcos dezian. Mas vno de los chris-
tianos del remo, le dixo en italiano como el
arraez mandaua ahorcar a aquel christiano,
señalandome a mi, porque auia muerto en su      30
defensa quatro de los mejores soldados de las

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NOVELAS EXEMPLARES
galeotas. Lo qual oydo y entendido por Leoni-
sa, la vez primera que se mostro para mi piado-
sa, dixo al cautiuo que dixesse a los turcos que
no me ahorcassen, porque perderian vn gran
rescate, y que les rogaua boluiessen a Trapana,      5
que luego me rescatarian. Esta, digo, fue la
primera, y aun sera la vltima caridad que vsó
conmigo Leonisa, y todo para mayor mal mio.
Oyendo pues los turcos lo que el cautiuo les
dezia, le creyeron, y mudoles el interes la      10
colera. Otro dia por la mañana, alçando vandera
de paz, boluieron a Trapana; aquella noche la
passé con el dolor que imaginarse puede, no
tanto por el que mis heridas me causauan, quan-
to por imaginar el peligro en que la cruel ene-      15
miga mia entre aquellos barbaros estaua.
Llegados, pues, como digo, a la ciudad, en-
tró en el puerto la vna galeota, y la otra se
quedó fuera; coronose luego todo el puerto y la
ribera toda de christianos, y el lindo de Corne-      20
lio, desde lexos, estaua mirando lo que en la
galeota passaua; acudio luego vn mayordomo
mio a tratar de mi rescate, al qual dixe que en
ninguna manera tratasse de mi libertad, sino
de la de Leonisa, y que diesse por ella todo      25
quanto valia mi hazienda, y mas le ordené que
boluiesse a tierra, y dixesse a sus padres de Leo-
nisa, que le dexassen a el tratar de la libertad
de su hija, y que no se pusiessen en trabajo por
ella. Hecho esto, el arraez principal, que era vn      30

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EL AMANTE LIBERAL
renegado griego, llamado Yzuf, pidio por Leo-
nisa seys mil escudos, y por mi quatro mil, aña-
diendo que no daria el vno sin el otro. Pidio
esta gran suma, segun despues supe, porque
estaua enamorado de Leonisa, y no quisiera el      5
rescatalla, sino darle al arraez de la otra galeota,
con quien auia de partir las pressas que se
hiziessen por mitad, a mi en precio de quatro
mil escudos, y mil en dinero, que hazian cinco
mil, y quedarse con Leonisa por otros cinco mil.      10
Y esta fue la causa porque nos apreció a los
dos en diez mil escudos. Los padres de Leonisa
no ofrecieron de su parte nada, atenidos a la
promesa que de mi parte mi mayordomo les
auia hecho, ni Cornelio mouio los labios en su      15
prouecho, y assi, despues de muchas deman-
das y respuestas, concluyó mi mayordomo en
dar por Leonisa cinco mil, y por mi tres mil es-
cudos. Aceptó Yzuf este partido, forçado de las
persuasiones de su compañero y de lo que      20
todos sus soldados le dezian. Mas como mi ma-
yordomo no tenia junta tanta cantidad de dine-
ros, pidio tres dias de termino para juntarlos,
con intencion de malbaratar mi hazienda, hasta
cumplir el rescate. Holgose desto Yzuf, pen-      25
sando hallar en este tiempo ocasion para que el
concierto no passasse adelante. Y boluiendose
a la isla de la Fabiana, dixo, que llegado el ter-
mino de los tres dias, bolueria por el dinero.
"Pero la ingrata fortuna, no cansada de mal-      30
tratarme, ordenó que, estando desde lo mas alto
de la isla puesta a la guarda vna centinela de

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NOVELAS EXEMPLARES
los turcos, bien dentro a la mar descubrio seys
velas latinas, y entendio, como fue verdad, que
deuian ser o la esquadra de Malta, oalgunas
de las de Sicilia. Baxó corriendo a dar la nueua,
y en vn pensamiento se embarcaron los turcos,      5
que estauan en tierra, qual guisando de comer,
qual lauando su ropa; y çarpando con no vista
presteza dieron al agua los remos, y al viento
las velas, y puestas las proas en Berberia, en
menos de dos horas perdieron de vista las ga-      10
leras, y assi cubiertos con la isla, y con la noche
que venia cerca, se asseguraron del miedo que
auian cobrado.
"A tu buena consideracion dexo, ¡o Mahamut
amigo!, que considere, qual yria mi animo en      15
aquel viage, tan contrario del que yo esperaua,
y mas quando otro dia, auiendo llegado las dos
galeotas a la isla de la Pantanalea, por la
parte del mediodia, los turcos saltaron en tierra
a hazer leña y carne, como ellos dizen, y mas      20
quando vi que los arraezes saltaron en tierra
y se pusieron a hazer las partes de todas las
pressas que auian hecho. Cada accion destas,
fue para mi vna dilatada muerte. Viniendo
pues a la particion mia y de Leonisa, Yzuf dio      25
a Fetala, que assi se llamaua el arraez de la
otra galeota, seys christianos, los quatro para
el remo y dos muchachos hermosissimos, de
nacion corços, y a mi con ellos, por quedarse
con Leonisa; de lo qual se contentó Fetala; y      30
aunque estuue presente a todo esto, nunca
pude entender lo que dezian, aunque sabia lo

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EL AMANTE LIBERAL
que hazian, ni entendiera por entonces el modo
de la particion, si Fetala no se llegara a mi y
me dixera en italiano: "christiano, ya eres mio;
"en dos mil escudos de oro te me han dado; si
"quieres libertad, has de dar quatro mil, si no      5
"aca morir". "Preguntele, si era tambien
suya la christiana, dixome que no, sino que Yzuf
se quedaua con ella, con intencion de boluerla
mora y casarse con ella. Y assi era la verdad,
porque me lo dixo vno de los cautiuos del      10
remo, que entendia bien el turquesco, y se lo
auia oydo tratar a Yzuf y a Fetala. Dixele a mi
amo que hiziesse de modo, como se quedasse
con la christiana, y que le daria por su rescate
solo diez mil escudos de oro en oro. Respon-      15
diome no ser possible, pero que haria que Yzuf
supiesse la gran suma que el ofrecia por la
christiana, quiza, lleuado del interesse, mudaria
de intención y la rescataria. Hizolo assi, y man-
dó que todos los de su galeota se embarcassen      20
luego, porque se queria yr a Tripol de Berbe-
ria, de donde el era. Yzuf assimismo determinó
yrse a Viserta, y assi se embarcaron con la mis-
ma priessa que suelen, quando descubren o ga-
leras de quien temer, o baxeles a quien robar.      25
Mouioles a darse priessa, por parecerles que el
tiempo mudaua con muestras de borrasca. Es-
taua Leonisa en tierra, pero no en parte que yo
la pudiesse ver, sino fue que, al tiempo del em-
barcarnos, llegamos juntos a la marina. Lleua-      30
uala de la mano su nueuo amo y su mas nue-

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NOVELAS EXEMPLARES
uo amante, y al entrar por la escala, que estaua
puesta desde tierra a la galeota, boluio los ojos
a mirarme, y los mios, que no se quitauan della,
la miraron con tan tierno sentimiento y dolor
que, sin saber como, se me puso vna nube ante      5
ellos, que me quitó la vista, y sin ella, y sin
sentido alguno, di conmigo en el suelo. Lo mis-
mo me dixeron despues que auia sucedido a
Leonisa, porque la vieron caer de la escala a
la mar y que Yzuf se auia echado tras della      10
y la sacó en braços. Esto me contaron dentro
de la galeota de mi amo, donde me auian pues-
to sin que yo lo sintiesse; mas quando bolui de
mi desmayo y me vi solo en la galeota, y que
la otra, tomando otra derrota, se apartaua de      15
nosotros, lleuandose consigo la mitad de mi
alma, o por mejor dezir toda ella, cubrioseme
el coraçon de nueuo y de nueuo maldixe mi
ventura, y llamé a la muerte a vozes; y eran
tales los sentimientos que hazia, que mi amo,      20
enfadado de oyrme, con vn grueso palo me
amenazó que, si no callaua, me maltrataria. Re-
primi las lagrimas, recogi los suspiros, creyen-
do que, con la fuerça que les hazia, rebentarian
por parte, que abriessen puerta al alma, que      25
tanto desseaua desamparar este miserable cuer-
po. Mas la suerte, aun no contenta de auerme
puesto en tan encogido estrecho, ordenó de
acabar con todo, quitandome las esperanças de
todo mi remedio, y fue, que en vn instante se      30
declaró la borrasca, que ya se temia, y el vien-
to que de la parte de mediodia soplaua y nos

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EL AMANTE LIBERAL
enuestia por la proa, començo a reforçar con
tanto brio, que fue forçoso boluerle la popa y
dexar correr el baxel por donde el viento queria
lleuarle.
"Lleuaua designio el arraez de despuntar la      5
isla y tomar abrigo en ella por la vanda del
norte, mas sucediole al reues su pensamiento,
porque el viento cargó con tanta furia, que todo
lo que auiamos nauegado en dos dias, en poco
mas de catorze horas nos vimos a seys millas      10
o siete de la propia isla de donde auiamos par-
tido, y sin remedio alguno yuamos a enues-
tir en ella, y no en alguna playa, sino en vnas
muy leuantadas peñas, que a la vista se nos
ofrecian, amenazando de ineuitable muerte a      15
nuestras vidas. Vimos a nuestro lado la galeo-
ta de nuestra conserua, donde estaua Leonisa,
y a todos sus turcos y cautiuos remeros hazien-
do fuerça con los remos para entretenerse y no
dar en las peñas. Lo mismo hizieron los de la      20
nuestra, con mas ventaja y esfuerço, a lo que
parecio, que los de la otra, los quales, cansados
del trabajo y vencidos del teson del viento y de
la tormenta, soltando los remos, se abandona-
ron y se dexaron yr a vista de nuestros ojos a      25
enuestir en las peñas, donde dio la galeota tan
grande golpe, que toda se hizo pedaços. Co-
mençaua a cerrar la noche, y fue tamaña la gri-
ta de los que se perdian y el sobresalto de los

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NOVELAS EXEMPLARES
que en nuestro baxel temian perderse, que nin-
guna cosa de las que nuestro arraez mandaua
se entendia ni se hazia; solo se atendia a no
dexar los remos de las manos, tomando por re-
medio boluer la proa al viento y echar las      5
dos ancoras a la mar, para entretener con esto
algun tiempo la muerte, que por cierta tenian.
Y aunque el miedo de morir era general en
todos, en mi era muy al contrario, porque, con
la esperança engañosa de ver en el otro mundo      10
a la que auia tan poco que deste se auia parti-
do, cada punto que la galeota tardaua en
anegarse o en embestir en las peñas, era para
mi vn siglo de mas penosa muerte. Las leuan-
tadas olas, que por encima del baxel y de mi      15
cabeça passauan, me hazian estar atento a ver
si en ellas venia el cuerpo de la desdichada
Leonisa. No quiero detenerme aora, ¡o Maha-
mut!, en contarte por menudo los sobresaltos,
los temores, las ansias, los pensamientos que      20
en aquella luenga y amarga noche tuue y passe,
por no yr contra lo que primero propuse de con-
tarte breuemente mi desuentura; basta dezirte
que fueron tantos y tales, que si la muerte vi-
niera en aquel tiempo, tuuiera bien poco que      25
hazer en quitarme la vida.
"Vino el dia con muestras de mayor tormenta
que la passada, y hallamos que el baxel auia
virado vn gran trecho, auiendose desuiado de
las peñas vn buen trecho y llegadose a vna      30

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EL AMANTE LIBERAL
punta de la isla, y viendose tan a pique de
doblarla, turcos y christianos, con nueua espe-
rança y fuerças nueuas, al cabo de seys horas
doblamos la punta y hallamos mas blando el
mar y mas sossegado, de modo que mas facil-      5
mente nos aprouechamos de los remos, y, abri-
gados con la isla, tuuieron lugar los turcos de
saltar en tierra, para yr a ver si auia quedado
alguna reliquia de la galeota que la noche
antes dio en las peñas, mas aun no quiso el      10
cielo concederme el aliuio que esperaua tener
de ver en mis braços el cuerpo de Leonisa;
que, aunque muerto y despedaçado, holgara
de verle, por romper aquel impossible que mi
estrella me puso de juntarme con el, como mis      15
buenos desseos merecian, y assi rogue a vn
renegado que queria desembarcarse, que le
buscasse, y viesse si la mar lo auia arrojado
a la orilla. Pero, como ya he dicho, todo esto
me nego el cielo, pues al mismo instante tornó      20
a embrauecerse el viento de manera, que el
amparo de la isla no fue de algun prouecho.
Viendo esto Fetala, no quiso contrastar contra
la fortuna, que tanto le perseguia, y assi mandó
poner el trinquete al arbol y hazer vn poco      25
de vela; boluio la proa a la mar y la popa al
viento, y, tomando el mismo el cargo del timon,
se dexó correr por el ancho mar, seguro que
ningun impedimento le estoruaria su camino;
yuan los remos ygualados en la crugia, y toda      30
la gente sentada por los bancos y ballesteras,
sin que en toda la galeota se descubriesse

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NOVELAS EXEMPLARES
otra persona que la del comitre, que, por mas
seguridad suya, se hizo atar fuertemente al es-
tanterol. Bolaua el baxel con tanta ligereza, que
en tres dias y tres noches, passando a la vista
de Trapana, de Melazo y de Palermo, embo-      5
có por el faro de Micina, con marauilloso
espanto de los que yuan dentro, y de aquellos
que desde la tierra los mirauan. En fin, por no
ser tan prolixo en contar la tormenta, como ella
lo fue en su porfia, digo, que, cansados, ham-      10
brientos y fatigados con tan largo rodeo, como
fue baxar casi toda la isla de Sicilia, llegamos a
Tripol, de Berberia, adonde a mi amo, antes de
haber hecho con sus levantes la cuenta del des-
pojo, y dadoles lo que les tocaba, y su quinto      15
al rey, como es costumbre, le dio vn dolor de
costado tal, que dentro de tres dias dio con el
en el infierno. Pusose luego el rey de Tripol en
toda su hazienda, y el alcayde de los muertos,
que alli tiene el gran turco, que, como sabes,      20
es heredero de los que no le dexan en su muerte,
estos dos tomaron toda la hazienda de Fetala,
mi amo, y yo cupe a este, que entonces era
virrey de Tripol, y de alli a quinze dias le vino
la patente de virrey de Chipre, con el qual he      25
venido hasta aqui, sin intento de rescatarme,
porque el me ha dicho muchas vezes que me
rescate, pues soy hombre principal, como se lo
dixeron los soldados de Fetala. Jamas he acu-
dido a ello, antes le he dicho que le engaña-      30
ron los que le dixeron grandezas de mi possi-

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EL AMANTE LIBERAL
bilidad. Y si quieres, Mahamut, que te diga todo
mi pensamiento, has de saber que no quiero
boluer a parte, donde por alguna via pueda
tener cosa que me consuele, y quiero que, jun-
tandose a la vida del cautiuerio los pensamien-      5
tos y memorias que jamas me dexan de la
muerte de Leonisa, vengan a ser parte para
que yo no la tenga jamas de gusto alguno.
Y si es verdad que los conti[n]uos dolores for-
çosamente se han de acabar, o acabar a quien      10
los padece, los mios no podran dexar de haze-
llo, porque pienso darles rienda de manera, que
a pocos dias den alcance a la miserable vida,
que tan contra mi voluntad sostengo. Este es,
¡o Mahamut hermano!, el triste sucesso mio;      15
esta es la causa de mis suspiros y de mis lagri-
mas; mira tu aora, y considera, si es bastante
para sacarlos de lo profundo de mis entrañas,
y para engendrarlos en la sequedad de mi las-
timado pecho. Leonisa murio, y con ella mi      20
esperança, que, puesto que la que tenia ella
viuiendo se sustentaua de vn delgado cabello,
todavia, todavia..."
Y en este "todavia" se le pegó la lengua al
paladar de manera, que no pudo hablar mas pa-      25
labra, ni detener las lagrimas, que, como suele
dezirse, hilo a hilo le corrian por el rostro en
tanta abundancia, que llegaron a humedecer el
suelo.
Acompañole en ellas Mahamut; pero, passan-      30
dose aquel parasismo, causado de la memoria
renouada en el amargo cuento, quiso Mahamut

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NOVELAS EXEMPLARES
consolar a Ricardo con las mejores razones que
supo; mas el se las atajó, diziendole: "Lo que
has de hazer, amigo, es aconsejarme que hare
yo para caer en desgracia de mi amo, y de to-
dos aquellos con quien yo comunicare, para      5
que, siendo aborrecido del y dellos, los vnos y
los otros me maltraten y persigan de suerte que,
añadiendo dolor a dolor y pena a pena, alcance
con breuedad lo que desseo, que es acabar la
vida."      10
"Aora he hallado ser verdadero", dixo Ma-
hamut, "lo que suele dezirse que lo que se sabe
sentir, se sabe dezir, puesto que algunas vezes
el sentimiento enmudece la lengua, pero como
quiera que ello sea, Ricardo, ora llegue tu do-      15
lor a tus palabras, ora ellas se le auentajen,
siempre has de hallar en mi vn verdadero ami-
go, o para ayuda o para consejo; que aunque
mis pocos años y el desatino que he hecho en
vestirme este habito, estan dando vozes que de      20
ninguna destas dos cosas que te ofrezco se
puede fiar ni esperar alguna, yo procuraré que
no salga verdadera esta sospecha, ni pueda te-
nerse por cierta tal opinion. Y puesto que tu no
quieras ni ser aconsejado ni fauorecido, no por      25
esso dexaré de hazer lo que te conuiniere, como
suele hazerse con el enfermo, que pide lo que
no le dan y le dan lo que le conuiene. No ay
en toda esta ciudad quien pueda ni valga mas,
que el cadi, mi amo, ni aun el tuyo, que viene      30
por visorrey della, ha de poder tanto. Y siendo
esto assi, como lo es, yo puedo dezir que soy

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EL AMANTE LIBERAL
el que mas puede en la ciudad, pues puedo con
mi patron todo lo que quiero. Digo esto, por-
que podria ser dar traza con el para que vinie-
sses a ser suyo, y estando en mi compañia, el
tiempo nos dira lo que auemos de hazer, assi      5
para consolarte, si quisieres o pudieres tener
consuelo, y a mi para salir desta a mejor vida,
o a lo menos, a parte donde la tenga mas se-
gura quando la dexe."
"Yo te agradezco" , respondio Ricardo, "Ma-      10
hamut, la amistad que me ofreces, aunque es-
toy cierto que, con quanto hizieres, no has de
poder cosa que en mi prouecho resulte. Pero de-
xemos aora esto, y vamos a las tiendas, porque,
a lo que veo, sale de la ciudad mucha gente, y      15
sin duda es el antiguo virrey, que sale a estarse
en la campaña, por dar lugar a mi amo que en-
tre en la ciudad a hazer la residencia."
"Assi es" , dixo Mahamut; "ven, pues, Ricar-
do, y veras las ceremonias con que se reciben,      20
que se que gustarás de verlas."
"Vamos en buena hora, dixo Ricardo; quiza
te aure menester, si a caso el guardian de los
cautiuos de mi amo me ha echado menos, que
es vn renegado corço de nacion y de no muy      25
piadosas entrañas."
Con esto dexaron la platica y llegaron a las
tiendas, a tiempo que llegaua el antiguo baxa,
y el nueuo le salia a recebir a la puerta de la
tienda. Venia acompañado Ali baxa, que assi      30

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NOVELAS EXEMPLARES
se llamaua el que dexaua el gouierno, de todos
los genizaros que de ordinario estan de presi-
dio en Nicosia, despues que los turcos la ga-
naron, que serian hasta quinientos. Venian en
dos alas o hileras, los vnos con escopetas y los      5
otros con alfanjes desnudos; llegaron a la puer-
ta del nueuo baxa Hazan, la rodearon todos, y
Ali baxa, inclinando el cuerpo, hizo reuerencia
a Hazan, y el, con menos inclinacion, le saludó.
Luego se entró Ali en el pauellon de Hazan,      10
y los turcos le subieron sobre vn poderoso ca-
uallo ricamente adereçado, y trayendole a la
redonda de las tiendas, y por todo vn buen es-
pacio de la campaña, dauan vozes y gritos, di-
ziendo en su lengua: " ¡Viua, viua Soliman Sul-      15
tan y Hazan baxa en su nombre!"
Repitieron esto muchas vezes, reforçando las
vozes y los alaridos, y luego le boluieron a la
tienda donde auia quedado Ali baxa, el qual
con el cadi y Hazan se encerraron en ella por      20
espacio de vna hora solos.
Dixo Mahamut a Ricardo que se auian ence-
rrado a tratar de lo que conuenia hazer en la
ciudad, cerca de las obras que Ali dexaua
començadas. De alli a poco tiempo salio el cadi      25
a la puerta de la tienda y dixo a vozes en len-
gua turquesca, arabiga, y griega, que todos los
que quisiessen entrar a pedir justicia, o otra
cosa contra Ali baxa, podrian entrar libremen-
te, que alli estaua Hazan baxa, a quien el gran      30

                                    P.27
EL AMANTE LIBERAL
señor embiaua por virrey de Chipre, que les
guardaria toda razon y justicia.
Con esta licencia, los genizaros dexaron des-
ocupada la puerta de la tienda, y dieron lugar
a que entrassen los que quisiessen. Mahamut      5
hizo que entrasse con el Ricardo, que, por ser
esclauo de Hazan, no se le impidio la entrada.
Entraron a pedir justicia, assi griegos christia-
nos como algunos turcos, y todos de cosas de
tan poca importancia, que las mas despachó el      10
cadi, sin dar traslado a la parte, sin autos, de-
mandas ni respuestas, que todas las causas, si
no son las matrimoniales, se despachan en pie,
y en vn punto, mas a juyzio de buen varon que
por ley alguna. Y entre aquellos barbaros, si lo      15
son en esto, el cadi es el juez competente de
todas las causas, que las abreuia en la vña y
las sentencia en vn soplo, sin que aya apelacion
de su sentencia para otro Tribunal. En esto en-
tró vn chauz, que es como alguazil, y dixo      20
que estaua a la puerta de la tienda vn iudio,
que traia a vender vna hermosissima christiana;
mandó el cadi que le hiziesse entrar. Salio el
chauz, y boluio a entrar luego, y con el vn ve-
nerable iudio, que traia de la mano a vna mu-      25
ger vestida en habito berberisco, tan bien ade-
reçada y compuesta, que no lo pudiera estar
tan bien la mas rica mora de Fez, ni de Marrue-
cos, que en adereçarse lleuan la ventaja a todas
las africanas, aunque entren las de Argel con      30
sus perlas tantas. Venia cubierto el rostro con
vn tafetan carmesi. Por las gargantas de los

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NOVELAS EXEMPLARES
pies, que se descubrian, parecian dos carcajes,
que assi se llaman las manillas en arabigo, al
parecer de puro oro; y en los braços, que assi-
mismo por vna camisa de cendal delgado se
descubrian o trasluzian, traia otros carcajes de      5
oro, sembrados de muchas perlas. En resolu-
ción, en quanto el trage, ella venia rica y ga-
llardamente adereçada.
Admirados desta primera vista el cadi y los
demas baxaes, antes que otra cosa dixessen, ni      10
preguntassen, mandaron al iudio que hiziesse
que se quitasse el antifaz la christiana. Hizolo
assi, y descubrio vn rostro, que assi deslumbro
los ojos y alegró los coraçones de los circuns-
tantes, como el sol, que, por entre cerradas nu-      15
bes, despues de mucha escuridad, se ofrece a
los ojos de los que le dessean, tal era la belleza
de la cautiua christiana, y tal su brio y su gallar-
dia. Pero en quien con mas efeto hizo impression
la marauillosa luz que auia descubierto, fue en      20
el lastimado Ricardo, como en aquel que mejor
que otro la conocia, pues era su cruel y amada
Leonisa, que tantas vezes y con tantas lagrimas
por el auia sido tenida y llorada por muerta.
Quedó a la improuisa vista de la singular belle-      25
za de la christiana traspassado y rendido el co-
raçon de Ali, y en el mismo grado y con la mis-
ma herida, se halló el de Hazan, sin quedarse
essento de la amorosa llaga el del cadi, que,
mas suspenso que todos, no sabia quitar los ojos      30
de los hermosos de Leonisa. Y para encarecer
las poderosas fuerças de amor, se ha de saber

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EL AMANTE LIBERAL
que en aquel mismo punto nacio en los coraço-
nes de los tres vna, a su parecer, firme espe-
rança de alcançarla y de gozarla; y assi, sin
querer saber el como, ni el donde, ni el quando
auia venido a poder del iudio, le preguntaron      5
el precio que por ella queria.
El codicioso iudio respondio que quatro mil
doblas, que vienen a ser dos mil escudos.
Mas apenas huuo declarado el precio, quan-
do Ali baxa dixo que el los daua por ella, y      10
que fuesse luego a contar el dinero a su tienda.
Empero Hazan baxa, que estaua de parecer
de no dexarla, aunque auenturasse en ello la
vida, dixo: "Yo assimismo doy por ella las qua-
tro mil doblas que el iudio pide, y no las diera,      15
ni me pusiera a ser contrario de lo que Ali ha
dicho, si no me forçara lo que el mismo dira
que es razon que me obligue y fuerce, y es que
esta gentil esclaua no pertenece para ninguno
de nosotros, sino para el gran señor solamente;      20
y assi, digo que en su nombre la compro; vea-
mos aora quien sera el atreuido que me la
quite."
"Yo sere" , replicó Ali, "porque para el mismo
efeto la compro, y estame a mi mas a cuento      25
hazer al gran señor este presente, por la como-
didad de lleuarla luego a Constantinopla, gran-
geando con el la voluntad del gran señor, que
como hombre que quedo, Hazan, como tu vees,
sin cargo alguno, he menester buscar medios      30
de tenelle, de lo que tu estas seguro por tres

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NOVELAS EXEMPLARES
años, pues oy comienças a mandar y a gouer-
nar este riquissimo reyno de Chipre. Assi que
por estas razones, y por auer sido yo el prime-
ro que ofreci el precio por la cautiua, esta pues-
to en razon, ¡o Hazan!, que me la dexes."      5
"Tanto mas es de agradecerme a mi" , respon-
dio Hazan, "el procurarla y embiarla al gran
señor, quanto lo hago sin mouerme a ello inte-
res alguno. Y en lo de la comodidad de lleuar-
la, vna galeota armaré, con sola mi chusma y      10
mis esclauos, que la lleve."
Açorose con estas razones Ali, y, leuantan-
dose en pie, empuñó el alfange, diziendo: "Sien-
do, ¡o Hazan!, mis intentos vnos, que es presen-
tar y lleuar esta christiana al gran señor, y      15
auiendo sido yo el comprador primero, esta
puesto en razon y en justicia que me la dexes
a mi, y quando otra cosa pensares, este alfange
que empuño defendera mi derecho y castigará
tu atreuimiento."      20
El cadi, que a todo estaua atento, y que no
menos que los dos ardia, temeroso de quedar
sin la christiana, imaginó como poder atajar el
gran fuego que se auia encendido, y juntamen-
te quedarse con la cautiua, sin dar alguna sos-      25
pecha de su dañada intencion; y assi, leuan-
tandose en pie, se puso entre los dos, que ya
tambien lo estauan, y dixo: "Sossiegate, Hazan,
y tu, Ali, estate quedo, que yo estoy aqui, que
sabre y podre componer vuestras diferencias de      30
manera, que los dos consigays vuestros inten-

                                    P.31
EL AMANTE LIBERAL
tos, y el gran señor, como desseays, sea ser-
uido".
A las palabras del cadi obedecieron luego, y
aun si otra cosa mas dificultosa les mandara,
hizieran lo mismo (tanto es el respecto que tie-      5
nen a sus canas los de aquella dañada secta);
prosiguio, pues, el cadi, diziendo: "Tu dizes,
Ali, que quieres esta christiana para el gran
señor, y Hazan dize lo mismo; tu alegas que,
por ser el primero en ofrecer el precio, ha de      10
ser tuya; Hazan te lo contradize, y aunque el
no sabe fundar su razon, yo hallo que tiene la
misma que tu tienes, y es la intencion, que sin
duda deuio de nacer a vn mismo tiempo que
la tuya, en querer comprar la esclaua para el      15
mismo efeto; solo le lleuaste tu la ventaja en
auerte declarado primero, y esto no ha de ser
parte, para que de todo en todo quede defrau-
dado su buen desseo, y assi me parece ser bien
concertaros en esta forma: que la esclaua sea      20
de entrambos, y pues el vso della ha de quedar
a la voluntad del gran señor, para quien se
compró, a el toca disponer della, y en tanto
pagarás tu, Hazan, dos mil doblas, y Ali otras
dos mil, y quedaráse la cautiua en poder mio,      25
para que en nombre de entrambos yo la embie
a Constantinopla, por que no quede sin algun
premio, siquiera por auerme hallado presente,
y assi me ofrezco de embiarla a mi costa, con

                                    P.32
NOVELAS EXEMPLARES
la autoridad y decencia que se deue a quien se
embia, escriuiendo al gran señor todo lo que
aqui ha passado, y la voluntad que los dos
aueys mostrado a su seruicio."
No supieron, ni pudieron, ni quisieron con-      5
tradezirle los dos enamorados turcos, y aunque
vieron que por aquel camino no conseguian su
desseo, huuieron de passar por el parecer del
cadi, formando y criando cada vno alla en su
animo vna esperança, que, aunque dudosa,      10
les prometia poder llegar al fin de sus encendi-
dos desseos. Hazan, que se quedaua por virrey
en Chipre, pensaua dar tantas dadiuas al cadi,
que, vencido y obligado, le diesse la cautiua.
Ali imaginó de hazer vn hecho que le asse-      15
guró salir con lo que desseaua, y, teniendo por
cierto cada qual su designio, vinieron con faci-
lidad en lo que el cadi quiso, y, de consenti-
miento y voluntad de los dos, se la entregaron
luego, y luego pagaron al iudio cada vno dos      20
mil doblas.
Dixo el iudio que no la auia de dar con los
vestidos que tenia, porque valian otras dos mil
doblas, y assi era la verdad, a causa que en los
cabellos, que parte por las espaldas sueltos traia      25
y parte atados y enlazados por la frente, se pa-
recian algunas hileras de perlas, que con estre-
mada gracia se enredauan con ellos. Las mani-
llas de los pies y manos, assimismo venian
llenas de gruesas perlas. El vestido era vna al-      30

                                    P.33
EL AMANTE LIBERAL
malafa de raso verde, toda bordada, y llena de
trenzillas de oro; en fin, les parecio a todos que
el iudio anduuo corto en el precio que pidio
por el vestido, y el cadi, por no mostrarse me-
nos liberal que los dos baxaes, dixo que el      5
queria pagarle, porque de aquella manera se
presentasse al gran señor la christiana.
Tuuieronlo por bien los dos competidores,
creyendo cada vno que todo auia de venir a
su poder. Falta aora por dezir lo que sintio Ri-      10
cardo de ver andar en almoneda su alma, y los
pensamientos que en aquel punto le vinieron,
y los temores que le sobresaltaron, viendo que
el auer hallado a su querida prenda era para
mas perderla; no sabia darse a entender si es-      15
taua dormiendo o despierto, no dando credi-
to a sus mismos ojos de lo que veian, porque le
parecia cosa impossible ver tan impensadamen-
te delante dellos a la que pensaua que para
siempre los auia cerrado.      20
Llegose en esto a su amigo Mahamut, y di-
xole: "¿No la conoces, amigo?"
"No la conozco" , dixo Mahamut.
"Pues has de saber" , replicó Ricardo, "que
es Leonisa."      25
"¿Que es lo que dizes, Ricardo?" , dixo Ma-
hamut.
"Lo que has oydo" , dixo Ricardo.
"Pues calla, y no la descubras" , dixo Maha-
mut, "que la ventura va ordenando, que la ten-      30

                                    P.34
NOVELAS EXEMPLARES
gas buena y prospera, porque ella va a poder
de mi amo."
"¿Parecete" , dixo Ricardo, "que sera bien
ponerme en parte donde pueda ser visto?"
"No" , dixo Mahamut, "porque no la sobresal-      5
tes o te sobresaltes, y no vengas a dar indicio
de que la conoces, ni que la has visto, que p0-
dna ser que redundasse en perjuyzio de mi
designio."
"Seguire tu parecer", respondio Ricardo, y      10
ansi anduuo huyendo de que sus ojos se encon-
trassen con los de Leonisa, la qual tenia los
suyos, en tanto que esto passaua, clauados en
el suelo, derramando algunas lagrimas.
Llegose el cadi a ella, y assiendola de la      15
mano, se la entregó a Mahamut, mandando-
le que la lleuasse a la ciudad, y se la entre-
gasse a su señora Halima y le dixesse la tratasse
como a esclaua del gran señor.
Hizolo assi Mahamut, y dexó solo a Ricardo,      20
que con los ojos fue siguiendo a su estrella,
hasta que se le encubrio con la nube de los
muros de Nicosia.
Llegose al iudio, y preguntole que adonde
auia comprado, o en que modo auia venido a      25
su poder aquella cautiua christiana.
El iudio le respondio que en la isla de la
Pantanalea la auia comprado a vnos turcos,
que alli auian dado al traues. Y queriendo pro-

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EL AMANTE LIBERAL
seguir adelante, lo estoruó el venirle a llamar
de parte de los baxaes, que querian pregun-
tarle lo que Ricardo desseaua saber, y con esto
se despidio del. En el camino que auia desde
las tiendas a la ciudad, tuuo lugar Mahamut de      5
preguntar a Leonisa, en lengua italiana, que de
qué lugar era. La qual le respondio, que de la
ciudad de Trapana. Preguntole assimismo Ma-
hamut si conocia en aquella ciudad a vn caba-
hero rico y noble, que se llamaua Ricardo.      10
Oyendo lo qual Leonisa, dio vn gran suspiro,
y dixo: "Si conozco, por mi mal."
"¿Cómo por vuestro mal?" , dixo Mahamut.
"Porque el me conocio a mi por el suyo y
por mi desuentura", respondio Leonisa.      15
"Y por ventura" , preguntó Mahamut, "¿cono-
cistes tambien en la misma ciudad a otro caua-
llero de gentil disposicion, hijo de padres muy
ricos, y el por su persona muy valiente, muy
liberal y muy discreto, que se llamaua Cor-      20
nelio?"
"Tambien le conozco", respondio Leonisa, "y
podre dezir mas por mi mal, que no a Ricardo.
Mas ¿quien soys vos, señor, que los conoceys,
y por ellos me preguntays?" .      25
"Soy", dixo Mahamut, "natural de Palermo,
que por varios accidentes estoy en este trage
y vestido diferente del que yo solia traer, y
conozcolos, porque no ha muchos dias que
entrambos estuuieron en mi poder, que a Cor-      30
nelio le cautiuaron vnos moros de Tripol de
Berberia, y le vendieron a vn turco, que le truxo

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NOVELAS EXEMPLARES
a esta isla, donde vino con mercancias, porque
es mercader de Rodas, el qual fiaua de Cornelio
toda su hazienda."
"Bien se la sabra guardar" , dixo Leonisa,
"porque sabe guardar muy bien la suya. Pero      5
dezidme, señor, ¿como o con quien vino Ricar-
do a esta isla?"
"Vino", respondio Mahamut, "con vn cosario
que le cautiuó estando en vn jardin de la marina
de Trapana, y con el dixo que auian cautiuado      10
a vna donzella, que nunca me quiso dezir
su nombre. Estuuo aqui algunos dias con su
amo, que yua a visitar el sepulcro de Mahoma,
que esta en la ciudad de Almedina, y al tiempo
de la partida cayo Ricardo muy enfermo y      15
indispuesto, que su amo me lo dexó, por ser de
mi tierra, para que le curasse y tuuiesse cargo
del, hasta su buelta, o que si por aqui no bol-
uiesse, se le embiasse a Constantinopla, que
el me auisaria quando alla estuuiesse. Pero el      20
cielo lo ordenó de otra manera, pues el sin ven-
tura de Ricardo, sin tener accidente alguno, en
pocos dias se acabaron los de su vida, siem-
pre llamando entre si a vna Leonisa, a quien
el me auia dicho que queria mas que a su vida      25
y a su alma; la qual Leonisa me dixo que en
vna galeota, que auia dado al traues en la isla
de la Pantanalea, se auia ahogado, cuya muerte
siempre lloraua y siempre plañia, hasta que le

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EL AMANTE LIBERAL
truxo a termino de perder la vida, que yo no le
senti enfermedad en el cuerpo, sino muestras
de dolor en el alma."
"Dezidme, señor", replicó Leonisa, "esse
moço que dezis, en las platicas que trató con      5
vos (que, como de vna patria, deuieron ser
muchas), ¿nombró alguna vez a essa Leonisa,
con todo el modo con que a ella y a Ricardo
catiuaron?"
"Si nombró" , dixo Mahamut, "y me preguntó      10
si auia aportado por esta isla vna christiana
desse nombre, de tales y tales señas, a la qual
holgaria de hallar para rescatarla, si es que su
amo se auia ya desengañado de que no era tan
rica como el pensaua, aunque podia ser que,      15
por auerla gozado, la tuuiesse en menos, que
como no passassen de trezientos o quatrozien-
tos escudos, el los daria de muy buena gana
por ella, porque vn tiempo la auia tenido algu-
na aficion."      20
"Bien poca deuia de ser", dixo Leonisa, "pues
no passaua de quatrozientos escudos; mas libe-
ral es Ricardo, y mas valiente y comedido; Dios
perdone a quien fue causa de su muerte, que
fuy yo, que yo soy la sin ventura que el lloró      25
por muerta; y sabe Dios si holgara de que el
fuera viuo, para pagarle con el sentimiento que
viera que tenia de su desgracia, el que el
mostro de la mia. Yo, señor, como ya os he
dicho, soy la poco querida de Cornelio y la bien      30

                                    P.38
NOVELAS EXEMPLARES
llorada de Ricardo, que por muy muchos y
varios casos he venido a este miserable estado
en que me veo, y aunque es tan peligroso,
siempre por fauor del cielo he conseruado en
el la entereza de mi honor, con la qual viuo      5
contenta en mi miseria. Aora, ni se dónde es-
toy, ni quién es mi dueño, ni adónde han de
dar conmigo mis contrarios hados, por lo qual
os ruego, señor, siquiera por la sangre que de
christiano teneys, me aconsejeys en mis tra-      10
bajos, que puesto que el ser muchos me han
hecho algo aduertida, sobreuienen cada mo-
mento tantos y tales, que no se cómo me he
de auenir con ellos."
A lo qual respondio Mahamut que el haria lo      15
que pudiesse en seruirla, aconsejandola y ayu-
dandola con su ingenio y con sus fuerças; ad-
aduirtiola de la diferencia que por su causa
auian tenido los dos baxaes, y como quedaua
en poder del cadi, su amo, para lleuarla pre-      20
sentada al gran turco Selin a Constantinopla;
pero que antes que esto tuuiesse efeto, tenia
esperança en el verdadero Dios, en quien el
creia, aunque mal christiano, que lo auia de
disponer de otra manera, y que la aconsejaua      25
se huuiesse bien con Halima, la muger del cadi
su amo, en cuyo poder auia de estar, hasta que
la embiassen a Constantinopla, aduirtiendola de
la condicion de Halima, y con essas le dixo otras
cosas de su prouecho, hasta que la dexó en su      30
casa y en poder de Halima, a quien dixo el re-
caudo de su amo.

                                    P.39
EL AMANTE LIBERAL
Recibiola bien la mora, por verla tan bien
adereçada y tan hermosa. Mahamut se boluio
a las tiendas a contar a Ricardo lo que con Leo-
nisa le auia passado, y, hallandole, se lo conto
todo punto por punto; y quando llegó al del      5
sentimiento que Leonisa auia hecho quando
le dixo que era muerto, casi se le vinieron las
lagrimas a los ojos. Dixole como auia fingido
el cuento del cautiuerio de Cornelio, por ver lo
que ella sentia. Aduirtiole la tibieza y la ma-      10
licia con que de Cornelio auia hablado: todo lo
qual fue pictima para el afligido coraçon de Ri-
cardo, el qual dixo a Mahamut: "Acuerdome,
amigo Mahamut, de vn cuento que me conto mi
padre, que ya sabes quan curioso fue, y oyste      15
quanta honra le hizo el Emperador Carlos Quin-
to, a quien siempre siruio en honrosos cargos de
la guerra. Digo, que me conto que quando el
Emperador estuuo sobre Tunez y la tomó con la
fuerça de la Goleta, estando vn dia en la campa-      20
ña, y en su tienda, le truxeron a presentar vna
mora, por cosa singular en belleza, y que, al
tiempo que se la presentaron, entrauan algunos
rayos del sol por vnas partes de la tienda, y da-
uan en los cabellos de la mora, que con los mis-      25
mos del sol, en ser rubios, competian, cosa nueua
en las moras, que siempre se precian de tener-
los negros; contaua que en aquella ocasion se
hallaron en la tienda, entre otros muchos, dos
caualleros españoles: el vno era andaluz, y el      30

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NOVELAS EXEMPLARES
otro era catalan, ambos muy discretos, y am-
bos poetas; y auiendola visto el andaluz, co-
menço con admiracion a dezir vnos versos, que
ellos llaman coplas, con vnas consonancias o
consonantes dificultosos, y parando en los cin-      5
co versos de la copla, se detuuo sin darle fin ni
a la copla ni a la sentencia, por no ofrecersele
tan de improuiso los consonantes necessarios
para acabarla. Mas el otro cauallero, que es-
taua a su lado y auia oydo los versos, viendole      10
suspenso, como si le hurtara la media copla
de la boca, la prosiguio y acabó con las mismas
consonancias. Y esto mismo se me vino a
la memoria, quando vi entrar a la hermosissima
Leonisa por la tienda del baxa, no solamente      15
escureciendo los rayos del sol, si la tocaran,
sino a todo el cielo con sus estrellas".
"Paso, no mas" , dixo Mahamut; "detente,
amigo Ricardo, que a cada paso temo que has
de passar tanto la raya en las alabanças de      20
tu bella Leonisa, que, dexando de parecer
christiano, parezcas gentil, dime, si quieres,
essos versos, o coplas, o como los llamas,
que despues hablaremos en otras cosas,
que sean de mas gusto y aun quiza de mas      25
prouecho."
"En buen ora", dixo Ricardo, "y bueluote a

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EL AMANTE LIBERAL
aduertir que los cinco versos dixo el vno, y los
otros cinco el otro, todos de improuiso, y son
estos:
Como quando el sol assoma
por vna montaña baxa,      5
y de supito nos toma,
y con su vista nos doma
nuestra vista, y la relaxa;
como la piedra balaxa,
que no consiente carcoma,      10
tal es el tu rostro, Axa,
dura lança de Mahoma
que las mis entrañas raxa".
"Bien me suenan al oydo", dixo Mahamut,
"y mejor me suena y me parece que estes para      15
dezir versos, Ricardo, porque el dezirlos, o el
hazerlos, requieren animos de animos desapas-
sionados."
"Tambien se suelen" , respondio Ricardo,
"llorar endechas, como cantar hymnos, y todo      20
es dezir versos. Pero dexando esto a parte,
dime, ¿qué piensas hazer en nuestro negocio?
que puesto que no entendi lo que los baxaes
trataron en la tienda, en tanto que tu lleuaste
a Leonisa, me lo conto vn renegado de mi      25
amo, veneciano, que se halló presente, y en-
tiende bien la lengua turquesca, y lo que es
menester ante todas cosas, es buscar traza como
Leonisa no vaya a mano del gran señor."
"Lo primero que se ha de hazer" , respondio      30
Mahamut, "es que tu vengas a poder de mi
amo, que esto hecho, despues nos aconsejare-
mos en lo que mas nos conuiniere."

                                    P.42
NOVELAS EXEMPLARES
En esto vino el guardian de los cautiuos
christianos de Hazan y lleuó consigo a Ricardo.
El cadi boluio a la ciudad con Hazan, que en
breues dias hizo la residencia de Ali, y se la dio
cerrada y sellada para que se fuesse a Constan-      5
tinopla. El se fue luego, dexando muy encargado
al cadi que con breuedad embiasse la cautiua,
escriuiendo al gran señor de modo que le apro-
uechasse para sus pretensiones. Prometioselo el
cadi con traydoras entrañas, porque las tenia      10
hechas ceniça por la cautiua. Ydo Ali lleno de
falsas esperanças, y quedando Hazan no vazio
de ellas, Mahamut hizo de modo que Ricardo
vino a poder de su amo. Yuanse los dias, y el
desseo de ver a Leonisa apretaua tanto a Ricar-      15
do, que no alcançaua vn punto de sossiego.
Mudose Ricardo el nombre en el de Mario, por-
que no llegasse el suyo a oydos de Leonisa,
antes que el la viesse, y el verla era muy difi-
cultoso, a causa que los moros son en estremo      20
zelosos, y encubren de todos los hombres los
rostros de sus mugeres, puesto que en mostrar-
se ellas a los christianos no se les haze de mal;
quiza deue de ser que, por ser cautiuos, no
los tienen por hombres cauales. Auino, pues,      25
que vn dia la señora Halima vio a su esclauo
Mario, y tan visto y tan mirado fue, que se le
quedó grauado en el coraçon y fixo en la me-
moria. Y quiza poco contenta de los abraços
floxos de su anciano marido, con facilidad dio      30
lugar a vn mal desseo; y con la misma dio
cuenta del a Leonisa, a quien ya queria mucho

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EL AMANTE LIBERAL
por su agradable condicion y proceder discreto,
y tratauala con mucho respecto, por ser prenda
del gran señor; dixole como el cadi auia traydo
a casa vn cautiuo christiano, de tan gentil do-
nayre y parecer, que a sus ojos no auia visto      5
mas lindo hombre en toda su vida, y que dezian
que era chilibi, que quiere dezir cauallero, y de
la misma tierra de Mahamut, su renegado, y que
no sabia como darle a entender su voluntad,
sin que el christiano la tuuiesse en poco, por      10
auersela declarado.
Preguntole Leonisa como se llamaua el cau-
tiuo, y dixole Halima que se llamaua Mario.
A lo qual replicó Leonisa: "Si el fuera caua-
llero, y del lugar que dizen, yo le conociera,      15
mas desse nombre Mario, no ay ninguno en
Trapana; pero haz, señora, que yo le vea y
hable, que te dire quien es y lo que del se
puede esperar."
"Assi sera" , dixo Halima, "porque el viernes,      20
quando esté el cadi haziendo la zala en la mez-
quita, le hare entrar aca dentro, donde le podras
hablar a solas; y si te pareciere darle indicios
de mi desseo, haraslo por el mejor modo que
pudieres."      25
Esto dixo Halima a Leonisa, y no auian pas-
sado dos horas, quando el cadi llamó a Maha-
mut y a Mario, y con no menos eficacia que
Halima auia descubierto su pecho a Leonisa,
descubrio el enamorado viejo el suyo a sus dos      30
esclauos, pidiendoles consejo en lo que haria
para gozar de la christiana y cumplir con el

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NOVELAS EXEMPLARES
gran señor, cuya ella era, diziendoles que antes
pensaua morir mil vezes que entregalla vna
al gran turco. Con tales afectos dezia su passion
el religioso moro, que la puso en los coraçones
de sus dos esclauos, que todo lo contrario de      5
lo que el pensaua pensauan. Quedó puesto
entre ellos que Mario, como hombre de su tierra,
aunque auia dicho que no la conocia, tomasse
la mano en solicitarla y en declararle la volun-
tad suya, y quando por este modo no se pu-      10
diesse alcançar, que vsaria el de la fuerça,
pues estaua en su poder. Y esto hecho, con de-
zir que era muerta, se escusarian de embiarla
a Constantinopla. Contentissimo quedó el cadi
con el parecer de sus esclauos, y con la imagi-      15
nada alegria ofrecio desde luego libertad a
Mahamut, mandandole la mitad de su hazienda
despues de sus dias; assimismo prometio a
Mario, si alcançaua lo que queria, libertad y
dineros con que boluiesse a su tierra rico, hon-      20
rado y contento. Si el fue liberal en prometer,
sus cautiuos fueron prodigos, ofreciendole de
alcançar la luna del cielo, quanto mas a Leoni-
sa, como el diesse comodidad de hablarla.
"Essa dare yo a Mario, quanta el quisiere",      25
respondio el cadi, "porque hare que Halima se
vaya en casa de sus padres, que son griegos
christianos, por algunos dias, y estando fuera,
mandaré al portero que dexe entrar a Mario
dentro de casa todas las vezes que el quisiere,      30

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EL AMANTE LIBERAL
y dire a Leonisa que bien podra hablar con su
paysano quando le diere gusto."
Desta manera començo a boluer el viento de
la ventura de Ricardo, soplando en su fauor,
sin saber lo que hazian sus mismos amos. To-      5
mado, pues, entre los tres este apuntamiento,
quien primero le puso en platica fue Halima,
bien assi como muger, cuya naturaleza es facil
y arrojadiza para todo aquello que es de su
gusto. Aquel mismo dia dixo el cadi a Halima      10
que, quando quisiesse, podria yrse a casa de
sus padres a holgarse con ellos los dias que
gustasse. Pero como ella estaua alboroçada con
las esperanças que Leonisa le auia dado, no
solo no se fuera a casa de sus padres, sino al      15
fingido parayso de Mahoma no quisiera yrse;
y assi le respondio que por entonces no tenia
tal voluntad, y que, quando ella la tuuiesse, lo
diria, mas que auia de lleuar consigo a la cau-
tiua christiana.      20
"Esso no", replicó el cadi, "que no es bien
que la prenda del gran señor sea vista de nadie,
y mas, que se le ha de quitar que conuerse
con christianos, pues sabeys que, en llegando a
poder del gran señor, la han de encerrar en el      25
serrallo y boluerla turca, quiera o no quiera."
"Como ella ande conmigo", replicó Halima,
"no importa que este en casa de mis padres ni
que comunique con ellos, que mas comunico
yo, y no dexo por esso de ser buena turca, y      30
mas, que lo mas que pienso estar en su casa
seran hasta quatro o cinco dias, porque el amor

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NOVELAS EXEMPLARES
que os tengo no me dara licencia para estar
tanto ausente y sin veros."
No la quiso replicar el cadi, por no darle oca-
sion de engendrar alguna sospecha de su in-
tencion. Llegose en esto el viernes, y el se fue      5
a la mezquita, de la qual no podia salir en casi
quatro horas; y apenas le vio Halima apartado
de los vmbrales de casa, quando mandó llamar
a Mario, mas no le dexaua entrar vn christiano
corço que seruia de portero en la puerta del      10
patio, si Halima no le diera vozes que le dexas-
se, y assi entró confuso y temblando, como si
fuera a pelear con vn exercito de enemigos.
Estaua Leonisa del mismo modo y trage que
quando entró en la tienda del baxa, sentada al      15
pie de vna escalera grande de marmol, que a
los corredores subia. Tenia la cabeça inclinada
sobre la palma de la mano derecha, y el braço
sobre las rodillas, los ojos a la parte contraria
de la puerta por donde entró Mario, de manera      20
que aunque el yua hazia la parte donde ella
estaua, ella no le veia. Assi como entró Ricar-
do, passeó toda la casa con los ojos, y no vio
en toda ella sino vn mudo y sossegado silen-
cio, hasta que paró la vista donde Leonisa      25
estaua.
En vn instante al enamorado Ricardo le so-
breuinieron tantos pensamientos, que le sus-
pendieron y alegraron, considerandose veynte
pasos, a su parecer, o poco mas, desuiado de      30
su felicidad y contento. Considerauase cautiuo,
y a su gloria en poder ageno. Estas cosas rebol-

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EL AMANTE LIBERAL
uiendo entre si mismo, se mouia poco a poco,
y con temor y sobresalto, alegre y triste, teme-
roso y esforçado, se yua llegando al centro
donde estaua el de su alegria, quando a des-
hora boluio el rostro Leonisa, y puso los ojos      5
en los de Mario, que atentamente la miraua.
Mas quando la vista de los dos se encontraron,
con diferentes efetos dieron señal de lo que sus
almas auian sentido.
Ricardo se paró, y no pudo echar pie adelan-      10
te. Leonisa, que, por la relacion de Mahamut,
tenia a Ricardo por muerto, y el verle viuo tan
no esperadamente, llena de temor y espanto,
sin quitar del los ojos, ni boluer las espaldas,
boluio atras quatro o cinco escalones, y sacan-      15
do vna pequeña cruz del seno, la besaua mu-
chas vezes y se santiguó infinitas, como si
alguna fantasma o otra cosa del otro mundo
estuuiera mirando.
Boluio Ricardo de su embelesamiento, y co-      20
nocio, por lo que Leonisa hazia, la verdadera
causa de su temor, y assi le dixo: "A mi me
pesa, ¡o hermosa Leonisa!, que no ayan sido
verdad las nueuas que de mi muerte te dio
Mahamut, porque con ella escusara los temores      25
que aora tengo de pensar si todavia esta en su
ser y entereza el rigor que contino has vsado
conmigo. Sossiegate, señora, y baxa, y si te
atreues a hazer lo que nunca hiziste, que es lle-
garte a mi, llega y veras que no soy cuerpo      30
fantástico; Ricardo soy, Leonisa; Ricardo, el de
tanta ventura, quanta tu quisieres que tenga."

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NOVELAS EXEMPLARES
Pusose Leonisa en esto el dedo en la boca,
por lo qual entendio Ricardo que era señal de
que callasse o hablasse mas quedo; y, toman-
do algun poco de animo, se fue llegando a ella
en distancia que pudo oyr estas razones: "Habla      5
paso, Mario, que assi me parece que te llamas
aora, y no trates de otra cosa de la que yo te
tratare, y aduierte que podria ser que el auer-
nos oydo fuesse parte para que nunca nos bol-
uiessemos a ver. Halima, nuestra ama, creo que      10
nos escucha, la qual me ha dicho que te adora;
hame puesto por intercessora de su desseo; si a
el quisieres corresponder, aprouecharte ha mas
para el cuerpo que para el alma, y quando no
quieras, es forçoso que lo finjas, siquiera por-      15
que yo te lo ruego, y por lo que merecen des-
seos de muger declarados."
A esto respondio Ricardo: "Iamas pense, ni
pude imaginar, hermosa Leonisa, que cosa
que me pidieras truxera consigo impossible de      20
cumplirla; pero la que me pides me ha desen-
gañado. ¿Es, por ventura, la voluntad tan ligera
que se pueda mouer y lleuar donde quisieren
lleuarla, o estarle ha bien al varon honrado y
verdadero fingir en cosas de tanto peso? Si a      25
ti te parece que alguna destas cosas se deue, o
puede hazer, haz lo que mas gustares, pues eres
señora de mi voluntad; mas ya se que tambien
me engañas en esto, pues jamas la has conoci-
do, y assi no sabes lo que has de hazer della.      30

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EL AMANTE LIBERAL
Pero a trueco que no digas que, en la primera
cosa que me mandaste, dexaste de ser obede-
cida, yo perdere del derecho que deuo a ser
quien soy, y satisfare tu desseo y el de Halima
fingidamente, corno dizes, si es que se ha de      5
grangear con esto el bien de verte; y assi finge
tu las respuestas a tu gusto, que desde aqui las
firma y confirma mi fingida voluntad. Y en pago
desto que por ti hago, que es lo mas que a mi
parecer podre hazer, aunque de nueuo te de el      10
alma, que tantas vezes te he dado, te ruego que
breuemente me digas como escapaste de las
manos de los cosarios, y como veniste a las del
iudio que te vendio."
"Mas espacio" , respondio Leonisa, "pide el      15
cuento de mis desgracias; pero, con todo esso,
te quiero satisfazer en algo. Sabras, pues, que
a cabo de vn dia que nos apartamos, boluio el
baxel de Yzuf con vn rezio viento a la misma
isla de la Pantanalea, donde tambien vimos a      20
vuestra galeota; pero la nuestra, sin poderlo re-
mediar, embistio en las peñas. Viendo, pues,
mi amo tan a los ojos su perdicion, vació con
gran presteza dos barriles que estauan llenos
de agua, tapolos muy bien, y atolos con cuerdas      25
el vno con el otro; pusome a mi entre ellos,
desnudose luego, y tomando otro barril entre
los braços, se ató con vn cordel el cuerpo, y con
el mismo cordel dio cabo a mis barriles, y con
grande animo se arrojó a la mar, lleuandome      30

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NOVELAS EXEMPLARES
tras si. Yo no tuue animo para arrojarme, que
otro turco me impelio y me arrojó tras Yzuf,
donde cai sin ningun sentido, ni bolui en mi,
hasta que me hallé en tierra en braços de dos
turcos, que, buelta la boca al suelo me tenian,      5
derramando gran cantidad de agua que auia
beuido. Abri los ojos, atonita y espantada, y vi
a Yzuf junto a mi, hecha la cabeça pedaços,
que, segun despues supe, al llegar a tierra dio
con ella en las peñas, donde acabó la vida. Los      10
turcos assimismo me dixeron que, tirando de la
cuerda, me sacaron a tierra casi ahogada; solas
ocho personas se escaparon de la desdichada
galeota. Ocho dias estuuimos en la isla, guar-
dandome los turcos el mismo respecto que si      15
fuera su hermana, y aun mas. Estauamos escon-
didos en vna cueua, temerosos ellos que no
baxassen de vna fuerça de christianos que está
en la isla y los cautiuassen; sustentaronse con
el vizcocho mojado que la mar echó a la orilla      20
de lo que lleuauan en la galeota, lo qual salian
a coger de noche. Ordenó la suerte, para mayor
mal mio, que la fuerça estuuiesse sin capitan,
que pocos dias auia que era muerto, y en la
fuerça no auia sino veynte soldados. Esto se      25
supo de vn muchacho que los turcos cautiua-
ron, que baxó de la fuerça a coger conchas a la
marina. A los ocho dias llegó a aquella costa
vn baxel de moros, que ellos llaman caramuça-
les; vieronle los turcos, y salieron de donde esta-      30
uan, y haziendo señas al baxel, que estaua cer-
ca de tierra, tanto, que conocio ser turcos los

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EL AMANTE LIBERAL
que los llamauan; ellos contaron sus desgracias,
y los moros los recibieron en su baxel, en el
qual venia vn iudio riquissimo mercader, y toda
la mercancia del baxel, o la mas, era suya; era
de barraganes y alquizeles, y de otras cosas que      5
de Berberia se lleuauan a leuante. En el mis-
mo baxel los turcos se fueron a Tripol, y en el
camino me vendieron al iudio, que dio por mi
dos mil doblas, precio excessiuo, si no le hizie-
ra liberal el amor que el iudio me descubrio.      10
"Dexando, pues, los turcos en Tripol, tornó
el baxel a hazer su viage, y el iudio dio en soli-
citarme descaradamente; yo le hize la cara que
merecian sus torpes desseos. Viendose, pues,
desesperado de alcançarlos, determinó de des-      15
hazerse de mi en la primera ocasion que se le
ofreciesse. Y sabiendo que los dos baxaes, Ali y
Hazan, estauan en aquesta isla, donde podia
vender su mercaduria tam bien como en Xio,
en quien pensaua venderla, se vino aqui con      20
intencion de venderme a alguno de los dos
baxaes, y por esso me vistio de la manera que
aora me vees, por aficionarles la voluntad a
que me comprassen. He sabido que me ha com-
prado este cadi, para lleuarme a presentar al      25
gran turco, de que no estoy poco temerosa.
Aqui he sabido de tu fingida muerte, y sete
dezir, si lo quieres creer, que me pessó en el

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NOVELAS EXEMPLARES
alma, y que te tuue mas embidia que lastima,
y no por quererte mal, que ya que soy desamo-
rada, no soy ingrata ni desconocida, sino por-
que auias acabado con la tragedia de tu vida."
"No dizes mal, señora", respondio Ricardo,      5
"si la muerte no me huuiera estoruado el bien
de boluer a verte, que aora en mas estimo este
instante de gloria que gozo en mirarte, que
otra ventura, como no fuera la eterna, que en
la vida o en la muerte pudiera assegurarme mi      10
desseo. El que tiene mi amo el cadi, a cuyo po-
der he venido por no menos varios accidentes
que los tuyos, es el mismo para contigo que
para conmigo lo es el de Halima. Hame puesto
a mi por interprete de sus pensamientos; acep-      15
t